Opiniones

¿Piensa que alcanzará el dinero público para cumplir lo prometido?

Economía sin lágrimas.

Por Angel Verdugo · 11/05/2018 00:00
¿Piensa que alcanzará el dinero público para cumplir lo prometido?

Economía sin lágrimas, por: Ángel Verdugo.

Una de las diferencias entre nuestros tres populistas, es que dos de ellos —Anaya y Meade—, hacen promesas incumplibles porque lo que quieren, simplemente, es el voto; luego, de ganar, dirían la verdad de la salud de las finanzas públicas que reciben; en consecuencia, las políticas públicas a poner en práctica estarían limitadas por dicha realidad.

Ésta, entonces, sería el freno a todo intento de concretar ocurrencias y promesas hechas al calor de la campaña. Ambos pues, respetarían la ortodoxia presupuestal y trabajarían, sin duda, para elevar la eficiencia en el uso de los recursos públicos sin caer, por supuesto, en excesos que debilitarían lo de por sí ya débil.

El otro, López, en los días que corren, es toda una incógnita. Por una parte, tanto Romo como su ya designado secretario de Hacienda y Crédito Público —ante la eventualidad de un triunfo este 1 de julio—, en foro donde participan aseguran que la ortodoxia más ortodoxa —si me permitiere el pleonasmo—, es lo que normaría toda decisión en materia de finanzas públicas. Es más, quien ocuparía —de concretarse aquella eventualidad—, va más allá y habla de un endeudamiento cero.

Como sabemos, dados los niveles actuales de la deuda del sector público (a marzo alcanza un monto de poco más de diez billones de pesos) y el costo financiero de ella, de concretar aquella declaración, esto implicaría un recorte significativo del gasto el cual, ¿cómo materializarlo ante las promesas de campaña?

 

Por otra parte, si hiciéremos un recuento de las promesas y compromisos hechos a la fecha por los tres, es más que evidente que no habría recurso que alcanzaría para sufragarlos. Además, dada la actual debilidad de las finanzas públicas, ¿por qué no dicen de dónde obtendrían los recursos para, al menos, tratar de cumplir medianamente lo prometido? ¿Contratarían más deuda? ¡Imposible! ¿Elevarían las tasas de los impuestos vigentes y/o crearían otros? ¡Imposible! ¿Reducir gasto, hasta qué monto?

Si hiciéremos una revisión por encima de los niveles de deuda del sector público federal —10.1 billones de pesos a marzo de este año—, y estimáremos el Costo Financiero para el año 2019 (650 mil millones de pesos), y a este monto le añadiéremos —para el mismo año— la aportación para las pensiones (alrededor de 900 mil millones de pesos), tendríamos, de entrada, un monto al sumar estas dos cantidades que representaría alrededor del 30%, cuando menos, del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019.

En consecuencia, la pregunta es ésta: ¿de dónde saldrían entonces los recursos, para sufragar tantas promesas y compromisos incumplibles? ¿Qué les dirían a sus seguidores, ante esta cruda realidad?

Tanto Anaya, Meade y López se verían obligados —no hay duda—, a hablarle al país con la verdad. A esas alturas sería ya imposible culpar a alguien del dilema en el cual se encontraría cualquiera de los tres. Es más, sería de una irresponsabilidad peligrosa intentar culpar a los legisladores de los dos perdedores, por ejemplo.

Ahora veamos las cosas desde otra perspectiva; ¿qué dirían y cómo reaccionarían los millones que les habrían creído a los tres: Anaya, López o Meade? ¿Acaso los seguidores de dos de los tres —los perdedores—, saldrían a la calle a protestar y exigir lo prometido?

La situación que uno de ellos tres enfrentará a partir del 1 de diciembre no será, por decir lo menos, fácil. A la constricción natural debido a la frágil salud de las finanzas públicas habría que agregar, la carga que representaría la expectativa generada durante la campaña por cada uno de ellos tres.

Ante ese panorama, ¿qué cabría esperar del ganador y los perdedores? Por lo menos, mesura y civilidad política que implicare, por lo menos, colaboración en el Congreso. ¿Sería mucho pedir?

¿Querría usted estar en el lugar del ganador?... ¿En serio?

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