Poblaciones de aves en la Zona Maya de Quintana Roo llevan 15 años en declive, advierte la Uimqroo
La deforestación y el cambio climático reducen tanto el número de especies como el de individuos en Felipe Carrillo Puerto
Las poblaciones de aves en los municipios de la Zona Maya de Quintana Roo han disminuido de forma sostenida durante los últimos 15 años, aunque aún faltan estudios suficientes para determinar cifras precisas. Así lo advirtió Vianney Janice Cupiche Herrera, jefa del Departamento de Desarrollo Sostenible de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (Uimqroo).
El declive afecta tanto la riqueza de especies —el número de distintas especies presentes— como la abundancia de individuos de ciertas poblaciones. Cupiche Herrera atribuyó el fenómeno principalmente a la deforestación y al cambio climático, dos factores que han reducido y deteriorado los hábitats disponibles en la selva quintanarroense.
Un estudio iniciado en 2011 en distintos puntos del municipio de Felipe Carrillo Puerto ya registra variaciones en estas poblaciones, según precisó la académica. «De que sí se ha detectado una cierta disminución en la riqueza de especies, o sea, el número de especies que hay, y en la abundancia, o sea, el número de individuos de ciertas especies, sí se ha detectado cierta disminución», sostuvo. Los datos recabados hasta ahora, sin embargo, no son suficientes para extrapolar cifras a escala regional.
La selva de Quintana Roo ha atravesado periodos prolongados de sequía a lo largo de esta última década y media, lo que se suma al manejo inadecuado del territorio y a la pérdida directa de cobertura vegetal. La combinación de estos factores acelera la fragmentación de los hábitats que las aves requieren para alimentarse, reproducirse y refugiarse.
Ante la escasez de especialistas locales en monitoreo de fauna, la Uimqroo gestiona una colaboración con investigadores de Canadá que consiste en la instalación de grabadoras en campo para identificar las especies presentes a través de sus cantos. El objetivo es ampliar la base de datos y contar, por primera vez, con información sistemática que permita cuantificar la magnitud real del declive.