Opiniones

Reglas para nuestros hijos e hijas

Club de Padres.

Por Jorge Valladares Sánchez · 23/06/2023 00:00
Reglas para nuestros hijos e hijas

Club de Padres, por: Jorge Valladares Sánchez.*

En Facebook y en Youtube: Dr. Jorge Valladares. 

La excepción hace la regla. Las reglas se hicieron para romperse. Nadie hizo la diferencia siguiendo las reglas. Mi casa, mis reglas. El joven conoce las reglas, el viejo las excepciones. Establecemos reglas para los demás y excepciones para nosotros. Aprende las reglas como un profesional, para que puedas romperlas como un artista. Las reglas se hicieron para romperse. Vivir con mis propias reglas…

¿Y entonces? ¿Porqué tanto énfasis, o al menos cantaleta, con las reglas? ¿Para qué invocarlas ante nuestros hijos con frecuencia si queremos que aprendan a vivir con “sus reglas” y no con las nuestras?

Dejemos pronto de lado que es esta otra de esas palabras de las que usamos con descuido y pueden significar muchas cosas a conveniencia de lo que queremos decir al usarla. Y también que puede ser parte de una hábito parental de hablar para sí mismos cuando pretenden ejercer la formación, educación, corrección, control o al menos tantito caso o consideración con sus hijos, por la falta de claridad, tiempo y recursos para hacer lo que ya hemos visto que es la función de fondo de papá y mamá: formar la autosuficiencia de los hijos.

Hay dos razones claras y reales para la confusión: la diversidad de significados válidos y la falta de entrenamiento para plantearlas y aplicarlas. Dediquemos unas líneas de este generoso espacio que nos brinda La Revista cada mes, para hablar de esta que para muchas personas es la más maravillosa y compleja labor: ser padres.

El diccionario lo deja ver, pero puntualicemos. El nivel de abstracción y la aplicabilidad de la palabra regla es diversa. Puede ir de algo tan filosófico como los valores o principios que “deben” regir las decisiones, las acciones y hasta los pensamientos y emociones, hasta lo concreto de cómo ocurren o se espera o se acuerda que ocurran ciertos eventos o fenómenos.

Para fines de formación de los hijos dejemos, en este momento, lo más elevado como valores, preceptos, principios y lo más social como normas, leyes, reglamentos o creencias y desenmarañemos un poco los otros significados más concretos y prácticos usando el concepto de regla.

Entonces puede servir de guía decir que diferentes familias y grupos tienen diferentes valores, etc… y es importante lograr transmitir con claridad y convicción los nuestros en nuestra familia. Lo que cada familia tenga es respetable y amerita que nuestros hijos los tengan en ese conocimiento y convicción, así como que entiendan que otros amigos y personas tendrán diversidad.

Algo similar aplica para las normas, etc… con el ingrediente de que estas son indispensables de conocer al entrar a espacios sociales, de manera que puedan nuestros hijos entender el funcionamiento y desarrollar la segunda característica que he explicado para alcanzar autosuficiencia: la adaptabilidad. Antes de crear su mundo o crear el propio, cada persona debe conocer, entender, cuestionar y funcionar con las normas de los medios en los que se desenvuelve.

Ya en la casa, en la familia, en la formación, además de esos dos grandes sectores que son importantes y organizadores nos quedan las reglas, entendidas como el diccionario lo indica en su significado 2 (aquello que ha de cumplirse por estar convenido por una colectividad) y 4 (modo establecido de ejecutar algo).

Ambos orígenes son válidos y combinarlos con claridad e inteligencia puede ser buena idea, pero uno u otro pueden funcionar por el tiempo y en el grado suficiente para que contribuyan a la formación de los hijos. Las precauciones son no mezclarlos o confundirlos con los valores, etc… ni con las normas, etc… Tratarlos en paralelo, establecerlos y hacer que se cumplan como algo más de lo importante que nuestros hijos deben aprender y procurar que respondan a las aspiraciones que tenemos para ellos/as, al afecto que les tenemos y a la sensatez, si no es mucho pedir.

Antes de puntualizar la diferencia entre ambos tipos de reglas, es importante entender lo que se requiere para su mejor funcionamiento, y que en consecuencia tienen que ver con su entendimiento, adopción y funcionalidad en casa; y en donde se apliquen (ojo profesores, jefes y otras personas que a veces sienten que su gente “se portan como niños”, tal vez porque comenten errores o confusiones en la aplicación de reglas).

Quizá lo más sencillo es aplicar como metáfora el otro significado de la palabra regla, el de un instrumento rígido para trazar o medir distancias entre dos puntos. Etimológicamente viene de regere, que implica dirigir en línea recta o enderezar. Si nos peleamos con esta idea o con actuar así, no hay forma de que funcione una regla; busca otra manera de ejercer disciplina, pero las reglas no son lo que ahora necesitas o puedes usar.

En efecto las reglas tienen que ser la forma más directa de ir entre la situación actual y la situación deseada, sin curvas, sin pausas, sin complicaciones. En algunas casas, entre llegar al comedor y empezar a comer está el lavarse las manos, en otras ayudar a servir, en otras esperar a que todos/as tengan alimentos. Pero lo que sea que haya, ocurre antes de empezar a comer, o no dicho de otro modo, no hay manera de empezar a comer sin ello. Incluso en algunas, pocas, hay un horario; a esa hora se come y a otra no, pero luego se abre otro horario y entonces sí.

Los recordatorios, discusiones, trucos, distractores, halagos, gritos… son absolutamente innecesarios y potencialmente retrasan que ocurra lo que la regla indica. La conversación o sermones o recordatorios de la historia propia son potenciales curvas que impiden llegar al punto de empezar a comer (pues normalmente implican mezclar valores, etc… y normas, etc… donde no tienen mucho que aportar). Y luego ocupan tiempo adicional en el tiempo de los padres o en horas de terapia, especialmente si se mezclan con alguna forma de violencia.

Esas reglas, ahora sí, pueden formularse del origen 2 (ser convenidas por quienes forman parte de esa familia) o por el origen 4 (ser establecidas por alguien, sin importar ni tener que justificar quien). Hace alguna diferencia en la sensación y rapidez con la que se cumplen, pero no tanta como el hecho de que funcionen sin desvíos, como ese punto directo para ir de una cosa a otra (y que de no ocurrir, no hay esa otra).

La función ya es compleja, para qué complicarla más. De esto y otras maneras de propiciar el afecto, la disciplina y las oportunidades para nuestros hijos/as es de lo que conversamos en Club de Padres; escríbeme, si quieres, para participar.

De todas formas, queramos o no, mucho de nuestra convivencia funciona o en algún punto vuelve a la que ha sido llamada la regla de oro: “trata a los/as demás como querrías que te trataran a ti”. Vale tomarlo en cuenta, en especial, cuando tomamos decisiones de cómo queremos formar a nuestros hijos/as.

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*Jorge Valladares Sánchez
Papá, Ciudadano, Consultor.
Especialista, Maestro y Licenciado en Psicología
Doctor en Ciencias Sociales.
Doctor en Derechos Humanos.
Creador del Club de Padres.

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