Ucrania alcanza por primera vez campos gasistas del Ártico ruso con drones a más de 3,000 km de su frontera
Los ataques impactaron instalaciones energéticas en Yamalia-Nenetsia y dispararon alarmas en el distrito autónomo de Janty-Mansi.
Fuerzas armadas de Ucrania atacaron por primera vez con drones los campos gasistas de Yamalia-Nenetsia, región estratégica del noroeste de Siberia ubicada dentro del círculo polar ártico, alcanzando un complejo energético de relevancia para la economía rusa.
El ataque marca un salto cualitativo en la guerra: Ucrania demostró capacidad para golpear infraestructura crítica de Rusia a una distancia superior a los 3,000 kilómetros de su propia frontera, lo que amplía el alcance del conflicto hacia zonas que Moscú consideraba fuera de riesgo.
En paralelo al ataque sobre Yamalia-Nenetsia, se activaron alarmas en el distrito autónomo de Janty-Mansi, enclavado en las profundidades de Siberia, según trascendió. Las autoridades rusas no confirmaron de inmediato el alcance de los daños en ninguna de las dos zonas afectadas.
Yamalia-Nenetsia concentra una parte sustancial de las reservas de gas natural de Rusia y alberga instalaciones operadas por compañías estatales que abastecen tanto el mercado interno como las exportaciones europeas y asiáticas. Un daño sostenido en esa infraestructura tendría consecuencias directas sobre los ingresos con que Moscú financia su esfuerzo bélico.
Desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, Ucrania ha recurrido progresivamente a ataques con drones de largo alcance contra territorio ruso, concentrándose inicialmente en regiones fronterizas y depósitos de combustible. La extensión de esos ataques al Ártico representa la incursión más lejana registrada hasta ahora en este conflicto.
El Kremlin no emitió una declaración oficial sobre los hechos al cierre de esta edición. Kyiv tampoco confirmó formalmente la autoría, aunque fuentes castrenses ucranianas, según reportes, vincularon la operación con la estrategia de presión sobre la economía energética rusa.
De sostenerse la capacidad ucraniana para operar a esa distancia, Rusia deberá reforzar la defensa antiaérea de regiones que hasta ahora carecían de ella, desviando recursos del frente activo en el este y sur del país.