Opiniones

Una nación contra el mundo

Lionel Messi volvió a imponerse en la cancha, mientras fuera de ella crecían las voces empeñadas en desacreditar cada uno de sus logros

Por Rodrigo Menéndez Gaber · 16/7/2026 12:21
Una nación contra el mundo

A menos de una semana de que termine el Mundial, ya conocemos a los dos finalistas. En una de las semifinales, España se impuso a Francia; en la otra, Argentina derrotó a Inglaterra en un partido que trascendió lo futbolístico. Más allá de enfrentar a dos selecciones históricas, el encuentro pareció dividir a dos aficiones: la de los argentinos y la del resto del mundo.

Y es que la victoria del conjunto albiceleste representa mucho más que el pase a una final. Enfrente estaba Inglaterra, un rival con el que Argentina mantiene una de las rivalidades más profundas del deporte, alimentada por una historia marcada por conflictos políticos como la disputa por las Islas Malvinas.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención durante este Mundial no fue el nivel futbolístico de Argentina, sino el fenómeno que la ha acompañado desde hace años: la necesidad constante de desacreditar cada uno de los logros de su mayor estrella, Lionel Messi.

Desde que levantó la Copa del Mundo en Qatar 2022, comenzó a crecer un movimiento que parece tener un único objetivo: demostrar que ninguno de sus éxitos fue realmente merecido. Ya sea porque superó a los ídolos de muchos, porque simplemente no simpatizan con Argentina o porque resulta difícil aceptar que un futbolista domine una época durante tantos años, cualquier argumento parece suficiente para restarle mérito.

El Mundial de 2026 no fue la excepción.

Durante todo el torneo, cada victoria argentina vino acompañada de una nueva teoría. Que si el arbitraje favorecía a Messi, que si la FIFA quería verlo campeón, que si los rivales recibían un trato distinto. Bastaba con una jugada polémica para convertirla en tendencia mundial, mientras acciones similares en otros partidos pasaban completamente desapercibidas.

Se habló de la falta sobre Argelia, pero pocos recordaron que antes existieron jugadas prácticamente idénticas en otros encuentros. Se criticó el arbitraje frente a Austria, ignorando las faltas que también dejaron de sancionarse en favor del conjunto europeo. Contra Jordania hubo quienes llegaron al absurdo de asegurar que el portero había “regalado” el gol de tiro libre de Messi para que suba en la tabla de goleo. Frente a Cabo Verde se omitió una mano clara dentro del área, y después del partido contra Egipto fue el propio Mohamed Salah quien reconoció que la derrota no se debió al arbitraje, sino a que su equipo perdió la cabeza. Incluso contra Suiza, donde existían precedentes sobre la polémica segunda tarjeta amarilla, el debate volvió a centrarse únicamente en Argentina.

Parecía que el único resultado imposible de aceptar era que Argentina simplemente hubiera jugado mejor.

Y llegó Inglaterra. Curiosamente, después de una semifinal en la que Messi volvió a aparecer con dos asistencias, las críticas cambiaron de argumento. Ya no era el arbitraje; ahora era que “no había aparecido”. La realidad importa poco cuando el objetivo no es analizar el fútbol, sino encontrar cualquier motivo para desacreditar a un jugador.

Eso es lo verdaderamente llamativo. Las polémicas arbitrales existen en todos los torneos. Las hubo con Portugal enfrente de Croacia, con Inglaterra enfrente de Noruega o con Francia enfrente de España. Pero cuando el protagonista es Lionel Messi, cualquier decisión se convierte en un escándalo mundial.

No escribo esto porque sea argentino ni porque considere que Argentina sea un equipo perfecto. Lo escribo porque me parece triste que hayamos llegado a un punto en el que admirar la grandeza de un deportista resulte más difícil que buscar argumentos para minimizarla.

Messi no jugará para siempre. Nos guste o no, estamos viendo los últimos capítulos de la carrera de uno de los futbolistas más importantes de la historia. Algún día, cuando ya no esté sobre una cancha, muchos de quienes hoy dedican su tiempo a buscar cómo desacreditarlo probablemente dirán que tuvieron la fortuna de verlo jugar.

Mientras ese día llega, quizá valga más la pena disfrutarlo que seguir intentando encontrar una explicación para cada uno de sus triunfos. Porque, le guste a quien le guste, gane o no esta Copa del Mundo, Lionel Andrés Messi ya hizo suficiente para asegurar un lugar entre los más grandes que ha dado este deporte. Entonces les digo, ¿Quieren llorar? Sigan llorando, nosotros, los que los disfrutamos, gozamos verlos llorar, pero en lo personal, les recomiendo venir con nosotros y aplaudir el fútbol.

Ver en La Revista Peninsular →
© 2026 La Revista Peninsular