El pasado jueves 4 de septiembre de 2025, el Pentágono denunció que dos aviones de combate venezolanos F-16 realizaron un sobrevuelo cercano al destructor estadounidense USS Jason Dunham, en aguas internacionales del Caribe. El Departamento de Defensa calificó la maniobra como “altamente provocadora”, dirigida a interferir con sus operaciones contra el narcoterrorismo .
En respuesta, el gobierno de Estados Unidos emitió una alerta en la cual recomendó al “cártel que gobierna Venezuela” abstenerse de obstruir o interferir en sus misiones antinarcóticos y antiterroristas . Hasta el momento, no se ha informado ninguna acción emprendida por parte del buque ante la provocación aérea .
Este episodio se inserta en un contexto de creciente tensión regional: días antes, fuerzas estadounidenses habían llevado a cabo un ataque que eliminó a 11 presuntos miembros del Tren de Aragua, una banda vinculada al narcotráfico venezolana . En paralelo, se vio un reforzamiento militar en el Caribe por parte de Estados Unidos, con el despliegue de buques, aviones y personal en una operación que busca intensificar la lucha contra el narcotráfico .
Ante esta escalada, el presidente Nicolás Maduro convocó a una activación masiva de la Milicia Nacional Bolivariana, constituyendo lo que definió como un ejercicio de defensa popular sin precedentes, al que calificó de “república en armas” en caso de agresión .
Este enfrentamiento aéreo, por tanto, representa un nuevo e inquietante capítulo en la ya frágil relación entre Caracas y Washington, marcada por acusaciones mutuas, militarización y una creciente atmósfera de confrontación en torno al control del Caribe.


