Por: Cristina Padín.
Y de repente ya no estaba en la tierra, como no están los abuelos (que se van y nos dejan su legado de anécdotas y abrazos y consejos y caricias con las manos arrugadas), como no está junio cuando ya llega noviembre, como no está el sol cuando anochece y como no está el calor cuando retorna el frío..
Pero tampoco estaría cuando volviera enero ni cuando fuera Navidad ni cuando llegara el verano…
Y la vida seguiría, pero sin su voz y sin su clase.. y sería peor..
Pero.. pero.. la fe tiene la capacidad de hacer que lo que es peor sea simplemente distinto. Ya no estaría de una forma, pero sí lo haría de otras… Estaría junto a Dios, y estaría en los recuerdos, y estaría en cada fotografía, y en cada enseñanza que dejó, y en los corazones que tanto amor le dieron, y en la vida eterna…
Y así pasa con los que ya han partido, y así pasó con David Silveti un día como hoy. Y sigue vivo, más que nunca, su legado; y su eterno duende continúa muy presente; y esa elegancia innata; y su manera de torear sigue enamorando almas; y se habla de su esencia, y de su porte, y de sus lances etéreos… y se le sigue llamando el Rey.
Y, como pasa con los que ya no están aquí, David Silveti está siempre con nosotros..
A la familia Silveti
A los que ya no están y a mi querida abuela
A mi querido México
Al toreo
A mi querido Luis
A mi amigo Jm
A las personas con esencia
Al alma


