La Revista

La crueldad del desarraigo “uno vive del donarse y del acogerse”

Victor Corcoba Herrero
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Algo más que palabras. por: Víctor
Corcoba Herrero/

No me gusta este tiempo de retóricas interesadas que todo lo confunden y
dilapidan en interés de algunos. Sólo hay que escuchar la voz de algunos líderes
más afanados en aumentar sus gastos de defensa, que en propiciar el derecho a
la salud universal como algo innegociable o que las buenas prácticas de acogida
e integración entre humanos sea algo más que un buen propósito. Es tiempo de
realidades, de acciones concretas, de reacciones contundentes frente a tantas
desorientaciones y mentiras. Por eso, que una escuela en el centro de Argentina
haya abierto sus puertas a los estudiantes sirios que llegaron al país
sudamericano tras escapar de la guerra que desde hace más de siete años asola
su país, es una gran noticia, que merece expandirse y celebrarla. Este es el
cauce a referenciar, el pulso a imitar, o si quieren la respuesta a repetir:
acoger sin más, resguardar en todo momento, suscitar encuentros y reencontrarse.
En efecto, precisamente, en una de las llamadas “Escuelas Generativas”,
establecidas por el gobierno argentino de la provincia de San Luis y que están
alineadas con objetivos de las Naciones Unidas al incentivar una educación
innovadora, inclusiva y de calidad, nos consta que se cultiva vivamente la
tolerancia y el respeto día a día. Y esto, sin duda, es saludable para todos,
ya que nos ayudará a vernos con otros ojos más comprensivos, lo que favorecerá
la cultura del hermanamiento y de la unidad. Ojalá se imiten estas actitudes.

Sea como fuere, a mi juicio, aún no hemos aprendido a conjugar el
poético verbo amar, en todos los tiempos y para todas las edades, y hoy más que
nunca lo necesitamos practicar para reconducir nuestro propio sentido
humanitario, para con nosotros mismos y
los que caminan a nuestro lado. Uno vive del donarse y del acogerse. Acá es
donde se anida todo. En consecuencia, nos urge entendernos, saber tender la
mano, y ponernos a trabajar en favor de los emigrantes y refugiados, primero
para salvar sus vidas y luego para proteger sus derechos, compartiendo esta
responsabilidad a nivel global; sin eludir que la crueldad del desarraigo es
algo tremendo. Ciertamente, es una manera de morir en vida. Toda la especie,
por tanto, estamos llamados a aligerar la carga de la dureza del exilio, a
poner nuestra mirada más allá de nosotros mismos, y ver que nos necesitamos
todos para poder armonizar los caminos del mundo. Esta es la cuestión, y este
proceso ha de incluir en su primer nivel más corazón que coraza, puesto que
todos formamos parte innata de esa única familia humana, con la que hemos de
armonizar el más sublime de los poemas. Al fin y al cabo, somos ese verbo que
nada dice sin ser fusionado en todos los pronombres, pues es el conjunto de
nuestras humildades lo que adjetiva la emoción por vivir y por templar las
atmósferas de sueños

Indudablemente, el mejor de los ensueños es transitar
por los caminos de la autenticidad. Esto es lo que nos acerca y nos hace
mejores ciudadanos. El momento actual, para desgracia de todos, es de una
crueldad sin límites, ha desaparecido la alegría de vivir en las personas, en
parte por ese alejamiento entre semejantes, que nos vuelve más infelices que
nunca. Hay que combatir el desarraigo y la pérdida de la identidad de cada
cual, dignificar a todos ser humano, sin obviar que hemos de reconducirnos en
la unidad de la que formamos un indiviso, que es lo que realmente nos concilia
y reconcilia nuestra propia existencia mundana. De ahí que no me sirvan las
oratorias normativas del más fuerte, donde el poderoso devora al más débil y lo
inutiliza para siempre, estas son políticas egoístas, y lo que nos hacen falta
son políticas universalmente humanísticas, que nos encaminen a un diálogo
sincero del corazón, más que del cuerpo a cuerpo. Aún hoy, con más frecuencia
de la debida, Naciones Unidas suele informar de una amplia gama de violaciones
de los derechos humanos, que incluyen ejecuciones extrajudiciales, torturas,
detenciones arbitrarias y violaciones del derecho a la libertad de expresión de
las personas, además de campañas de incitación al odio y la difamación, lo que
nos exige un acuerdo global de convivencia y respeto, de construcción verdadera
con referentes de verdad y amor. En suma, que el requerimiento pasa por
cimentar esa oda imprescindible, donde todos podamos sentirnos hermanados con
el melódico ritmo de la consideración, y bajo esta trascendencia solidaria
poder rescatar la verdadera vida del verso, del que fuimos parte y al que hemos
de volver, más pronto que tarde

Victor Corcoba Herrero
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