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Imputan a 15 personas por presunta obstrucción a agentes migratorios en Minnesota

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Fiscales federales de Estados Unidos presentaron cargos contra 15 personas acusadas de obstaculizar a agentes durante una ofensiva migratoria realizada en Minnesota a principios de este año, en un caso que vuelve a colocar en el centro del debate la tensión entre la aplicación de la ley migratoria, las protestas civiles y los límites de la acción directa contra autoridades federales. De acuerdo con el Departamento de Justicia, los imputados son miembros o asociados de Direct Action Minnesota, también identificado como DAMN, y enfrentan señalamientos por diversos delitos federales, entre ellos conspiración para impedir a un agente federal, acoso interestatal, amenazas interestatales, solicitud para cometer un delito violento, agresiones contra agentes federales y destrucción de propiedad gubernamental.

Según las autoridades, agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional realizaron un operativo coordinado que derivó en la detención de 12 integrantes del grupo durante las últimas 24 horas; otros dos permanecen prófugos y una persona ya se encontraba bajo custodia federal por cargos distintos. La acusación se produce en el contexto de la llamada Operación Metro Surge, una ofensiva migratoria impulsada por la administración del presidente Donald Trump en Minnesota, particularmente en el área de las Ciudades Gemelas.

El fiscal federal de Minnesota, Daniel N. Rosen, afirmó en conferencia de prensa que los acusados “se opusieron violentamente a la aplicación de la ley federal”, mediante presuntas tácticas como bloqueos alrededor de edificios gubernamentales, lanzamiento de trozos de hielo contra vehículos federales y seguimiento de agentes durante sus traslados por Minneapolis. Las autoridades sostienen que estas acciones tenían como objetivo impedir, retrasar o dificultar arrestos y deportaciones, aunque Rosen evitó precisar si algún agente federal resultó lesionado como consecuencia directa de esos hechos.

El Departamento de Justicia sostuvo que DAMN habría entrenado a sus integrantes en vigilancia, planificación operativa, uso de escudos, movilización rápida y otras tácticas dirigidas contra acciones de cumplimiento migratorio. La acusación también señala que algunos miembros utilizaban chats de Signal para identificar vehículos oficiales, compartir placas y coordinar movimientos con el propósito de ubicar y confrontar a agentes federales.

El caso ha generado una fuerte controversia política y legal. Las autoridades federales han vinculado a algunos de los acusados con grupos “antifa”, término usado para describir a movimientos antifascistas de izquierda, mientras que la defensa de al menos uno de los señalados rechazó esa caracterización. Kevin Riach, abogado de Isaac Sant, aseguró que su cliente no tenía afiliación con antifa y calificó esa etiqueta como “un hombre del saco inventado por la extrema derecha”. Además, sostuvo que el proceso busca intimidar a quienes salieron a observar y protestar contra operativos de ICE, al afirmar que se trata de “una afrenta a la Primera Enmienda”.

La discusión ocurre en un ambiente de creciente confrontación entre autoridades federales, manifestantes y funcionarios locales. Durante la Operación Metro Surge se reportaron protestas frecuentes en Minneapolis y en las inmediaciones del edificio federal Bishop Henry Whipple, sede local de ICE. También se registraron enfrentamientos entre agentes y manifestantes, incluidos incidentes en los que se utilizó gas pimienta para dispersar a personas reunidas afuera de una corte federal.

El Departamento de Justicia defendió las detenciones como parte de una respuesta contra lo que considera violencia política organizada. El fiscal Rosen afirmó que quienes amenacen o dañen a agentes federales deberán rendir cuentas ante la justicia. Por su parte, funcionarios de Seguridad Nacional insistieron en que el derecho a la protesta pacífica está protegido, pero advirtieron que, cuando una manifestación cruza hacia actos violentos o actividades criminales, puede derivar en consecuencias legales.

Los 15 acusados enfrentan ahora un proceso judicial en el que deberán responder por los cargos presentados. La acusación principal, conspiración para impedir o lesionar a un agente federal, puede implicar una pena máxima de seis años de prisión. Sin embargo, algunos imputados enfrentan cargos adicionales que podrían agravar su situación legal. Mientras la fiscalía sostiene que se trató de una operación coordinada para obstaculizar la aplicación de la ley, defensores y simpatizantes de los acusados argumentan que el caso forma parte de una estrategia de criminalización de la protesta.

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