Hoteleros de Tulum han reconocido públicamente que algunos actores del sector turístico han incurrido en prácticas abusivas, mientras la ocupación hotelera en el destino registra niveles críticos. El presidente de la Asociación de Hoteles sostuvo un encuentro con autoridades municipales y el líder de los taxistas para abordar esta situación.
Empresarios del ramo aseguran que durante los últimos meses se han elevado los casos de sobreprecio, cobros excesivos y una oferta turística que ya no responde proporcionalmente al flujo de visitantes. Como uno de los promotores del cambio, el expresidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya señala que “hubo sobreprecio, abuso de tarifas y una sobreoferta. Pensaban que siempre iban a estar en vacas gordas”.
Según reportes del sector, el descenso de visitantes en Tulum se agudizó tras la toma de control por parte del Ejército del Parque Nacional del Jaguar y la implantación de nuevas cuotas de acceso para turistas extranjeros, nacionales y residentes de Quintana Roo. Estas medidas, sumadas a factores como la llegada masiva de sargazo, precios elevados de hospedaje y denuncias de abusos de taxistas, han contribuido al deterioro del flujo turístico.
Las cifras son contundentes. En la última semana de septiembre, Tulum registró una ocupación hotelera de apenas 49.2 %, ubicándose por debajo de Cancún (58.2 %) y la Riviera Maya (49.5 %). Además, datos del 2024 indicaban un promedio de ocupación del 74 %, pero esas expectativas se vieron rebasadas por la realidad de 2025 con caídas notorias.
Ante esta situación, ya se han promovido estrategias para reactivar el turismo local. Autoridades municipales han planteado abrir accesos libres hacia las playas mediante convenios con hoteles y restaurantes, aunque se mantienen restricciones como la prohibición de ingreso con alimentos, bebidas o sombrillas. De igual forma, se valora ajustar la política de precios en espacios naturales y la infraestructura que soporta la llegada de visitantes.
El reto para Tulum es mayúsculo: debe recuperar la confianza del turista, corregir los excesos denunciados y encontrar un equilibrio entre exclusividad y accesibilidad antes de que el destino pierda su atractivo irremplazable.


