Editorial La Revista Peninsular
Este año habrá elecciones intermedias en todo el país,
por lo que es preciso reflexionar qué esperamos de los políticos mexicanos de
cara dicho proceso. Nos encontramos en tiempos propicios para emprender esta
tarea pues la pandemia ha demostrado la importancia de contar con gobernantes
sensibles, conciliadores y demócratas al frente de nuestras instituciones.
Durante esta contingencia global, ha sido común ver a
gobiernos replicar acciones que fueron exitosas en otras naciones. Los
políticos más habilidosos tuvieron la pericia de adaptar estos cursos de acción
a las características particulares de su entidad.
Esta sensibilidad para poder apreciar las necesidades,
rutinas y costumbres de la población es imprescindible en los buenos gobiernos.
Si no se encuentra presente esta valiosa cualidad, el ejercicio gubernamental
se limita aplicar “fórmulas mágicas” que carecen de efectividad y resultan en
un detrimento de los recursos públicos.
Dada la polarización social manifiesta en la población
mexicana, también en necesario tener políticos que le apuesten a la
conciliación y no a la confrontación. Los arrebatos de bravura, desplantes de
terquedad y demostraciones de soberbia ya no inspiran el respeto y seguridad
que antes; por el contrario, perpetúan imágenes ya obsoletas en los gobiernos
contemporáneos, además de que con frecuencia culminan en la propagación de
discursos de odio.
Lo anterior implica que los políticos deben tener la
capacidad de admitir sus errores con modestia. Esto no significa carecer de
convicciones, sino estar conscientes de que todos somos susceptibles a
equivocarnos y que mediante el intercambio de ideas se descubre la verdad. A
los ciudadanos nos corresponde aplaudir los gestos conciliatorios de nuestros
gobernantes para alentar su reiteración y que se consolide una cultura de
diálogo en el país.
Finalmente, es imperante que quienes aspiren a ocupar
cargos de poder sean demócratas por convicción. Los ciudadanos no podemos
permitir que nuestros políticos atenten en contra de las mismas instituciones
democráticas las cuales los llevaron al poder y hemos de exigir que las
procuren en todo momento.
El respeto a las instituciones que componen nuestro
sistema gubernamental brinda certidumbre a la población pues le permite confiar
en que los gobernantes cumplirán sus obligaciones, los órganos administrativos
llevarán a cabo sus funciones de manera regular y se respetará el marco
normativo vigente. Como hemos visto en los últimos años, es un error subestimar
la relevancia de la certidumbre pues determina desde el ánimo de la población
hasta la economía nacional e internacional.
La pandemia por el Covid-19 nos ha traído grandes
lecciones, entre las cuales destaca lo indispensable que es tener políticos
sensibles, conciliatorios y enteramente demócratas en el país; saber esto es
sumamente útil para el proceso electoral que habrá de llevarse a cabo en medio
año.
Ahora bien, independientemente de las enseñanzas
aprendidas por la contingencia, en lo personal me gustaría ver el surgimiento
de más políticos con perfil intelectual. Si bien, no todos deben tener ésta
cualidad, sí ha habido una merma de estos perfiles en el escenario político
mexicano. La participación de intelectuales en la política no solo elevaría el
nivel argumentativo de la discusión pública, sino que también reinstituiría a
los partidos políticos como promotores de ideologías para no ser simplemente
trampolines a cargos gubernamentales.


