En unos párrafos
Cuando Donald Trump anunció sus intenciones de buscar la candidatura presidencial a todos nos pareció un disparate más del excéntrico millonario, algo digno de uno de sus reality shows a los que ya nos tiene acostumbrados. Pero con el paso de los meses, lo que al principio parecía ser una situación cómica y anecdótica, se ha convertido en una realidad preocupante.
Nadie puede negarle a Donald Trump su derecho a competir, ni mucho menos nadie puede negarle su derecho a la libertad de expresión. Lo que resulta verdaderamente alarmante es que, un discurso xenófobo y racista, haya tenido tanto eco en la población americana, a tal grado que parece eminente su nominación dentro del partido republicano.
El comportamiento autoritario e intolerante de Trump no nos resulta ajeno a los mexicanos. Ya hemos estado acostumbrados, por más de doce años, a la actitud intransigente de Andrés Manuel López Obrador. Un político, que al igual que el estadounidense, encarna la polarización y la división. Un político que ha demostrado, una y otra vez, que puede estar por encima de las instituciones y de la ley. Un político que se asume así mismo como la solución a todos los problemas, y que se cree poseedor de la verdad absoluta. Un político que en lugar de sumar, divide. Un político que al igual que Trump, maneja perfectamente el arte de las verdades a medias o de las mentiras completas. Tal para cual.
Sin duda algo preocupante por donde se le quiera ver, Donald Trump en el 2016 y López Obrador en el 2018. ¡Imagínense! En fin, ya corresponderá a los ciudadanos estadounidenses no votar por un proyecto mesiánico y utópico, tal y como los mexicanos ya decidimos no hacerlo en dos ocasiones.
Presidente Estatal del PRI Campeche
@ErnestoCR_


