Se cerraron las puertas de millones de hogares; las de las fábricas, oficinas y centros de trabajo por todo el mundo. Los hoteles, comercios, restaurantes, bares, cines están cerrados ante el peligro del virus. Las escuelas pasaron del bullicio de los alumnos al silencio absoluto de sus aulas vacías. Las iglesias de todos los credos tienen sus pórticos cerrados. En estos días, no vemos aviones en el cielo, sino a miles de aeronaves aparcadas en tierra.
*Todo cerrado… y todos encerrados.*
Sí, miles de millones de seres humanos del mundo nos encontramos confinados ante el acecho del Coronavirus. Derivado de lo anterior, gran parte de la actividad económica global se ha paralizado, en *un hecho insólito en la historia de la humanidad.*
En tanto el mundo se cerraba, *los campos de batalla han sido los hospitales donde el ejemplar personal sanitario se ha entregado (en cuerpo y alma) para darlo todo con el fin de salvar vidas humanas.*
La otra cara de la moneda radica en el poder público. Los ciudadanos de todo el planeta vemos, *perplejos*, como cada nación aplica medidas a *”su buen entender”*, tanto en tiempo como en acciones concretas. Cada país lo ha enfrentado *”a su manera”.*
Es claro que ante la aparición de un virus del cual se tiene poco conocimiento, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho lo que está a su alcance, a fin de “homologar” en lo posible las estrategias globales para combatirlo. *La OMS no tiene facultades vinculantes y se sujeta a emitir “recomendaciones”, mismas que cada nación valorará con sus respectivos expertos.*
*Lo que resulta preocupante es que cada sociedad esté sujeta al “parecer” o a las “ocurrencias” del gobernante en turno, cuando debiera de privilegiarse la opinión de los científicos.* En China y en Corea del Sur, las medidas de confinamiento y de disciplina fueron sumamente estrictas y, al parecer, eficientes. En Italia y España las decisiones se aplicaron tardíamente por motivos políticos, lo que elevó sustancialmente el número de infectados, con el subsecuente colapso sanitario y un nivel de muertos lamentable.
La propia Unión Europea ha mostrado una carencia de coordinación entre los países que la integran, tanto en materia sanitaria como en las medidas contra el impacto económico derivado de la grave epidemia. *Lo que debió ser una acción concertada, se volvió una dispersión de medidas. Cada quien, a su “buen entender”. *
En el Reino Unido, las bufonadas del Primer Ministro Boris Johnson (a la par de su homólogo norteamericano), generaron que este país enfrente hoy graves consecuencias en su sistema de salud, con un elevado nivel de decesos. Paradójicamente, el propio Johnson tuvo que ser hospitalizado en una UCI, víctima del Coronavirus.
En EEUU, *Trump y su locura verbal propició una pérdida de tiempo grave y llevó a su país a un nivel de contagio aún por determinar. Hoy, las cifras de fallecidos norteamericanos son escalofriantes. *
En México, el orate Presidente Andrés Manuel López promovió (durante valiosísimas semanas) *que la gente saliera a las calles, que se abrazara y se besara, en una descalificación absoluta e irresponsable de la pandemia*, hasta que la realidad le hizo reconocer (demasiado tarde) que el peligro era real. Sin temor a equivocarme (cosa que yo deseo con toda mi alma) *México será, durante las próximas semanas, un ejemplo global de todo lo que no se debe hacer frente a estos riesgos sanitarios*.
En las últimas semanas hemos conocido la frágil de nuestro mundo y la pequeñez humana frente a estos retos. Seguramente, el peligro cesará y, paulatinamente, los seres humanos deberemos de retornar a nuestras actividades.
Las puertas se abrirán y, desde hoy, debemos plantearnos algunas preguntas fundamentales, que no son todas:
*-¿Qué mundo encontraremos?*
*-¿Cuáles serán los daños económicos y laborales, tanto nacionales como globales?*
*-¿Cuáles serán los efectos negativos inmediatos , principalmente contra la población en pobreza?*
*-¿Qué acciones deberán de emprender las naciones para atender la fragilidad global demostrada en los sistemas sanitarios?*
*-¿Qué hay hacer para pasar de la “solidaridad en la emergencia” a la “solidaridad de la vida diaria”?*
*-¿La pandemia y sus efectos no obliga a una reorientacion del gasto público de las naciones?*
*-A partir de ahora,¿cómo será nuestra nueva cotidianidad?*
*-¿Seguiremos iguales que antes la cuarentena?*
Pueden ser innumerables las dudas y las preguntas. En lo que sí hay certidumbre es que *esto ha sido un desmadre global*. Por lo mismo, lo que sí me queda claro es que *el mundo no debe ser lo que era*. No sé qué tengamos que hacer, pero creo firmemente que *no podemos permitirnos abrir las puertas y regresar al mundo, como si nada hubiera pasado. *
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