Infatigable como lo fue y lo es Jesús. Alma de pureza y valentía. Infatigable como lo es España, infatigable como el trabajo bueno y madrugador, infatigable como el que ofrece agua sin descanso donde hay un eco de sed. Infatigable como el consejo de un padre, como el calor de una madre, como el afecto de un hermano.
Infatigable al no conocer la fatiga, o al no hacerle caso alguno. Infatigable y siempre con sonrisa. Infatigable como la mirada de Dios, como el candor de la Virgen. Como esas tardes de procesiones que cada día alimentan más el espíritu. Como una noche de madrugá, como una tarde de sabor y toreo. Infatigable como leal guerrero…
Y la Esperanza Macarena se emocionó al contemplar las proezas de aquel ser infatigable y le besó. Las pestañas, las manos y la frente. Ella seguiría regalando esperanza al amanecer siguiente. Él seguiría trabajando, infatigable: como una buena persona, un buen español, un buen cristiano.
Dedicado a cada persona infatigable
A mi amigo Jm
A mi amiga Rosario
A mi amiga Pau
A Luis
A Pablo
Al toreo
A cada tradición española
A la fe
Y a la Esperanza Macarena


