Panorama

Argentina vs. Inglaterra: la rivalidad que convirtió al Mundial en un campo de batalla

Por La Revista Peninsular · 15/7/2026 11:03
Argentina vs. Inglaterra: la rivalidad que convirtió al Mundial en un campo de batalla

La semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra representa mucho más que un enfrentamiento entre dos de las selecciones más poderosas del planeta. Cuando ambos equipos salten al terreno de juego, también entrarán a la cancha más de seis décadas de polémicas arbitrales, expulsiones, provocaciones, heridas políticas, goles históricos y cuentas pendientes.

Pocas rivalidades internacionales reúnen tantos episodios capaces de definir carreras y marcar generaciones. Argentina contra Inglaterra es Diego Armando Maradona elevándose ante Peter Shilton para marcar con la mano; es David Beckham cayendo en la provocación de Diego Simeone; es Antonio Rattín negándose a abandonar el césped de Wembley; y es el propio Beckham encontrando cuatro años después la oportunidad de redimirse desde el punto penal.

El nuevo capítulo llegará en una instancia decisiva del Mundial 2026, con dos selecciones ubicadas entre las mejores del ranking internacional y con la posibilidad de disputar el título. Será, además, el primer enfrentamiento entre ambas desde el amistoso de 2005, ganado por Inglaterra por 3-2, y el primer cruce mundialista desde la victoria inglesa en Corea-Japón 2002.

La historia comenzó en Chile 1962, cuando Inglaterra derrotó 3-1 a Argentina durante la fase de grupos. Sin embargo, aquella presentación fue apenas un antecedente de lo que ocurriría cuatro años después en Wembley, durante los cuartos de final del Mundial de 1966.

Inglaterra se impuso 1-0 con un gol de Geoff Hurst, pero el partido quedó marcado por la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín. El árbitro alemán Rudolf Kreitlein consideró que el defensor había cometido reiteradas infracciones y decidió enviarlo fuera del terreno de juego, aunque ambos tenían dificultades para comunicarse debido al idioma.

Rattín solicitó durante varios minutos la presencia de un intérprete y se negó a retirarse. Finalmente, abandonó el campo escoltado por dos policías y, como gesto de protesta, se sentó sobre la alfombra roja reservada para la reina Isabel II.

En Argentina, aquel encuentro fue bautizado como “el robo del siglo”. Además de cuestionar la expulsión de su capitán, la delegación argentina sostuvo que el gol de Hurst había sido anotado en posición adelantada. La tensión aumentó después del encuentro, cuando el seleccionador inglés Alf Ramsay describió a los jugadores argentinos como “animales” y prohibió que sus futbolistas intercambiaran camisetas con sus rivales.

Hurst reconocería años después que el partido había sido particularmente duro, aunque también consideró inapropiada la expresión utilizada por Ramsay. “Se puede decir sucio, duro, violento o lo que sea, pero ‘animales’ no fue el término adecuado”, señaló el delantero inglés.

Rattín, por su parte, siempre defendió su actuación y acusó al árbitro de favorecer a Inglaterra. “Este tipo nos cobraba todo en contra: córners, faltas, hasta inventaba manos. Todo era para el equipo local”, declaró años más tarde.

La confusión vivida durante aquella expulsión tuvo una consecuencia histórica para el fútbol. El episodio impulsó la introducción de las tarjetas amarillas y rojas como una manera universal de comunicar las amonestaciones y expulsiones, sin importar el idioma de los futbolistas o de los árbitros.

La rivalidad alcanzó una dimensión todavía mayor en el Mundial de México 1986. Para entonces, el enfrentamiento ya estaba acompañado por un trasfondo político imposible de ignorar: apenas cuatro años antes, Argentina y el Reino Unido se habían enfrentado militarmente por las Islas Malvinas.

El encuentro de cuartos de final disputado en el estadio Azteca se convirtió en uno de los partidos más recordados de la historia de los Mundiales. En el minuto 51, Maradona saltó ante el arquero Peter Shilton y golpeó el balón con la mano izquierda para marcar el primer gol de Argentina.

Los ingleses protestaron, pero el árbitro tunecino Ali Bin Nasser convalidó la anotación. Maradona resumiría posteriormente aquella acción con una frase que quedó grabada para siempre en la historia del deporte: “Un poco con la cabeza de Maradona y otro poco con la mano de Dios”.

Cuatro minutos después, el capitán argentino volvió a aparecer. Esta vez tomó el balón cerca del centro del campo, dejó atrás a varios futbolistas ingleses, superó a Shilton y anotó uno de los goles más extraordinarios de todos los tiempos. En apenas unos minutos, Maradona había protagonizado tanto uno de los actos más polémicos como una de las obras más brillantes de la Copa del Mundo.

Gary Lineker descontó para Inglaterra, pero Argentina ganó 2-1 y avanzó hacia un título que terminaría conquistando. Para los ingleses, la eliminación quedó asociada a una profunda sensación de injusticia. Shilton sostuvo durante años que Maradona había hecho trampa y lamentó que nunca ofreciera una disculpa.

El astro argentino, sin embargo, interpretó aquella victoria desde una perspectiva distinta. Además de su valor deportivo, la consideró una “revancha simbólica” después de la Guerra de Malvinas. Oscar Ruggeri recordó que, antes de salir al terreno de juego, Maradona motivó a sus compañeros mencionando a los jóvenes argentinos que habían muerto durante el conflicto.

Doce años después, Argentina e Inglaterra volvieron a encontrarse en los octavos de final de Francia 1998. El partido terminó empatado 2-2 después de 120 minutos y tuvo que definirse mediante una tanda de penales, ganada por los sudamericanos por 4-3.

El episodio central ocurrió al inicio del segundo tiempo. Beckham, quien entonces era una de las grandes figuras emergentes del fútbol inglés, cayó al césped después de recibir una infracción de Simeone. Mientras permanecía en el suelo, el inglés lanzó una patada contra el argentino, quien exageró el contacto y provocó su expulsión.

La prensa británica responsabilizó a Beckham por la derrota. Uno de los titulares más conocidos describió al equipo como “10 leones heroicos, un chico estúpido”. El mediocampista recibió insultos, amenazas y una presión mediática que lo acompañó durante varios años.

Simeone reconoció posteriormente que había aprovechado la reacción de su rival. “Cuando intentaba levantarme, fue cuando me pateó por detrás y yo saqué provecho de eso”, explicó el futbolista argentino.

El encuentro también evidenció las diferentes formas en las que ambos países percibían la rivalidad. Para varios jugadores ingleses, Argentina era un adversario especial por lo ocurrido en los Mundiales anteriores. Para los argentinos, en cambio, el partido conservaba una dimensión histórica y política mucho más profunda.

Paul Scholes aseguró que la rivalidad con Argentina se sentía diferente a la mantenida con otras potencias. Lo que más le molestó fue observar las celebraciones argentinas después de la tanda de penales, con los futbolistas cantando y agitando sus camisetas frente al autobús inglés.

Simeone resumió el sentimiento argentino al afirmar que, más allá de la historia política, existía un deseo nacional de derrotar a Inglaterra. “Este es un clásico. Y lo jugamos como un clásico porque todos somos conscientes de la felicidad que podemos darle a nuestro país si ganamos”, expresó.

La oportunidad de revancha para Beckham llegó en el Mundial de Corea-Japón 2002. Inglaterra y Argentina quedaron emparejadas en la fase de grupos, en un partido que podía determinar la clasificación a la siguiente ronda.

Antes del descanso, Michael Owen cayó dentro del área después de una acción con Mauricio Pochettino. El árbitro señaló penal y Beckham asumió la responsabilidad. El mediocampista disparó con potencia, venció al arquero Pablo Cavallero y celebró con una intensidad que reflejaba todo lo vivido desde su expulsión en Francia.

Inglaterra ganó 1-0 y Beckham encontró el momento de redención que había esperado durante cuatro años. “En cuanto nos dieron el penal, supe que lo iba a patear”, recordó. Para el capitán inglés, aquella anotación significó recuperar definitivamente el respaldo de los aficionados de su país.

La jugada, como suele ocurrir en esta rivalidad, tampoco estuvo libre de controversia. Pochettino sostuvo que nunca tocó a Owen, mientras que Javier Zanetti aseguró que “el penal no existió”. Años después, el propio defensor argentino admitió que había sido ingenuo al permitir que el delantero inglés convenciera al árbitro.

Desde entonces, Argentina e Inglaterra no han vuelto a enfrentarse en una Copa del Mundo. Han pasado expulsiones, cambios reglamentarios, guerras, generaciones de futbolistas y transformaciones tecnológicas que habrían evitado algunas de las grandes polémicas del pasado. Sin embargo, la rivalidad continúa conservando una fuerza especial.

La semifinal de 2026 tendrá nuevos protagonistas y un contexto diferente, pero difícilmente podrá escapar de la historia. Cada decisión arbitral, cada provocación y cada celebración será observada bajo el peso de los antecedentes.

Argentina e Inglaterra no comparten continente ni se enfrentan regularmente. Precisamente por eso, cada encuentro parece adquirir una importancia extraordinaria. No se trata de un clásico construido por la frecuencia, sino por la intensidad de sus episodios.

Desde la protesta de Rattín en Wembley hasta la Mano de Dios de Maradona, pasando por la caída y redención de Beckham, esta rivalidad ha demostrado que un solo partido puede cambiar las reglas del fútbol, alimentar discusiones durante décadas y convertirse en parte de la identidad deportiva de dos países.

Este miércoles no solamente estará en juego un lugar en la final del Mundial 2026. También se escribirá una nueva página de una historia emocionante, encarnizada y caótica que nunca ha necesitado demasiados enfrentamientos para convertirse en una de las rivalidades más inolvidables del fútbol.

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