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Condenan a 200 años de prisión a líder de secta en Kenia por la muerte de 190 niños

Por La Revista Peninsular · 06/11/2026 09:31
Condenan a 200 años de prisión a líder de secta en Kenia por la muerte de 190 niños

La sentencia fue dictada por la jueza Diana Kavedza, del Tribunal Superior de Mombasa, después de que las investigaciones determinaran que Mackenzie promovió y ordenó ayunos extremos entre sus seguidores, bajo la promesa de que morir de hambre les permitiría encontrarse con Jesucristo antes del fin del mundo.

El condenado encabezaba la Iglesia Internacional de las Buenas Nuevas, una organización de carácter apocalíptico que había establecido una comunidad religiosa en el bosque de Shakahola, ubicado en el condado costero de Kilifi. En ese lugar, cientos de personas abandonaron sus hogares para seguir las enseñanzas del pastor, quien ejercía un fuerte control sobre sus creencias y actividades cotidianas.

De acuerdo con las investigaciones judiciales, los integrantes de la organización eran sometidos a condiciones extremas de privación de alimentos y agua. Además, varios colaboradores de Mackenzie vigilaban a los seguidores para impedir que interrumpieran los ayunos o abandonaran el asentamiento. Quienes intentaban desobedecer las órdenes eran amenazados, golpeados o retenidos por la fuerza.

La condena impuesta al líder religioso contempla 100 años de prisión por los asesinatos cometidos mediante inanición y otros 100 años por homicidios directos. Las autoridades judiciales establecieron que algunas víctimas fallecieron como consecuencia de la desnutrición extrema, mientras que otras fueron asesinadas mediante distintos actos de violencia.

El caso comenzó a descubrirse en abril de 2023, cuando las autoridades kenianas recibieron denuncias sobre personas desaparecidas y posibles muertes dentro de la comunidad religiosa. Las primeras investigaciones condujeron al hallazgo de cuerpos enterrados en fosas poco profundas, lo que desencadenó una operación de búsqueda de mayores dimensiones.

Conforme avanzaron las excavaciones, los equipos forenses localizaron centenares de cadáveres, muchos de ellos correspondientes a niños. Las investigaciones también revelaron que algunas víctimas habían sufrido agresiones físicas y que otras habrían sido enterradas con vida.

Según los registros de las autoridades, al menos 448 cuerpos fueron recuperados en la zona de Shakahola. Sin embargo, el proceso judicial que derivó en la sentencia de este viernes se concentró específicamente en el asesinato de 190 niños y un adulto.

Mackenzie, quien fue detenido en 2023, rechazó durante el proceso las acusaciones en su contra y sostuvo que nunca obligó a sus seguidores a dejar de alimentarse. No obstante, el tribunal desestimó sus argumentos al considerar que existían pruebas suficientes para demostrar su responsabilidad en la organización y ejecución de los hechos.

Además del principal acusado, otros 28 integrantes de la secta fueron condenados a distintas penas de prisión por su participación en los crímenes. Las autoridades determinaron que la estructura de la organización permitió mantener un sistema de vigilancia y coerción que facilitó las muertes.

La tragedia también provocó cuestionamientos sobre la actuación de las instituciones kenianas, particularmente por las advertencias que existían sobre las prácticas del grupo antes de que se descubriera la magnitud de los asesinatos.

El caso ha impulsado un debate nacional sobre la supervisión de las organizaciones religiosas y la necesidad de establecer mecanismos que permitan identificar prácticas abusivas sin vulnerar la libertad de culto.

Aunque la sentencia representa un avance importante en la búsqueda de justicia, las investigaciones relacionadas con Mackenzie todavía no concluyen. El líder religioso enfrenta otros procesos judiciales, entre ellos uno vinculado con el hallazgo de 52 víctimas adicionales en otra comunidad.

La masacre de Shakahola permanece como una de las mayores tragedias relacionadas con una organización religiosa en la historia reciente de África. La condena de Mackenzie representa un precedente judicial frente a los abusos cometidos bajo discursos religiosos y pone nuevamente sobre la mesa las consecuencias de la manipulación, la violencia y el control ejercido sobre comunidades vulnerables.

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