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El hambre disminuye, pero todavía afecta a 645 millones de personas

Por La Revista Peninsular · 27/7/2026 11:09
El hambre disminuye, pero todavía afecta a 645 millones de personas

El hambre en el mundo disminuyó por tercer año consecutivo durante 2025; sin embargo, alrededor de 645 millones de personas continuaron sin consumir los alimentos suficientes para mantener una vida activa y saludable, de acuerdo con el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026, elaborado por cinco organismos especializados de las Naciones Unidas.

La cifra representa aproximadamente el 7.8 por ciento de la población mundial y supone una reducción cercana a los 14 millones de personas respecto de 2024. También significa que existen 43 millones de personas menos padeciendo hambre en comparación con 2022, cuando la proporción mundial alcanzaba el 8.6 por ciento.

Aunque los resultados muestran una mejora sostenida, el avance continúa siendo lento y desigual. Asia, América Latina y el Caribe han registrado progresos constantes, mientras que África se convirtió en la región con el mayor número de personas afectadas por el hambre.

Durante 2025, aproximadamente 309 millones de personas padecieron hambre en África, equivalentes al 20 por ciento de su población. En Asia se contabilizaron 292 millones, mientras que América Latina y el Caribe registraron alrededor de 32 millones de personas en esta condición.

En el caso latinoamericano, la prevalencia del hambre se ubicó en 4.8 por ciento durante 2025. Este dato no significa que el problema haya disminuido 4.8 por ciento en un solo año, sino que esa fue la proporción de habitantes de la región que enfrentaron subalimentación. Pese al avance, la inseguridad alimentaria moderada o grave todavía alcanzó al 22.9 por ciento de la población de América Latina y el Caribe.

El panorama mundial resulta todavía más preocupante cuando se considera la inseguridad alimentaria en un sentido amplio. Cerca de 2 mil 100 millones de personas, equivalentes al 25.8 por ciento de la población del planeta, enfrentaron dificultades moderadas o graves para acceder regularmente a alimentos suficientes durante 2025.

Esta situación puede obligar a las familias a reducir la cantidad de comida que consumen, saltarse alimentos o sustituir productos nutritivos por opciones más económicas y de menor calidad. Aunque la cifra disminuyó frente a los niveles registrados en 2024 y 2020, permanece por encima de los indicadores anteriores a la pandemia de covid-19.

El costo de una dieta saludable constituye otro de los principales obstáculos. Durante 2025, el precio promedio mundial de una alimentación adecuada, equilibrada y variada aumentó a 4.28 dólares diarios por persona, calculados según la paridad del poder adquisitivo. América Latina y el Caribe registró el costo regional más elevado, con un promedio de 4.91 dólares diarios.

Como consecuencia, aproximadamente 2 mil 690 millones de personas en el mundo no pudieron pagar una dieta saludable. Esto significa que cerca de una de cada tres personas careció de los recursos necesarios para acceder de manera constante a alimentos nutritivos, aunque no necesariamente enfrentara hambre crónica.

Las Naciones Unidas también advirtieron que los conflictos armados, el aumento de los precios de la energía y los fertilizantes, los fenómenos meteorológicos extremos y la disminución de la ayuda humanitaria podrían frenar o revertir los avances obtenidos.

Las proyecciones indican que entre 510 y 520 millones de personas todavía podrían padecer hambre en 2030. Esta cifra colocaría al mundo lejos del Objetivo de Desarrollo Sostenible que busca erradicar el hambre para el final de la presente década.

Qu Dongyu, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, señaló que el informe demuestra que es posible avanzar, pero subrayó que los gobiernos deben actuar con mayor rapidez mediante inversión sostenida, compromiso político y políticas que faciliten el acceso a alimentos saludables.

Los datos muestran que la disminución mundial del hambre representa un avance relevante, pero todavía insuficiente. Detrás de los porcentajes existen millones de familias que diariamente deben elegir entre reducir sus alimentos, consumir productos de menor calidad o destinar una parte cada vez mayor de sus ingresos a cubrir una necesidad básica.

La lucha contra el hambre no depende únicamente de producir más alimentos. También exige disminuir la pobreza y la desigualdad, fortalecer las cadenas de distribución, reducir las pérdidas, proteger a las comunidades rurales y garantizar que una alimentación saludable sea accesible para todas las personas, independientemente de su lugar de nacimiento o nivel económico.

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