Opiniones

El miedo que nos gobierna

La reducción de homicidios en México contrasta con la violencia del crimen organizado y el miedo que persiste entre la población

Por Rodrigo Menéndez Gaber · 22/7/2026 17:49
El miedo que nos gobierna

El día de hoy, durante su conferencia matutina en Toluca, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, presentó avances en materia de seguridad. Expuso que el promedio diario de homicidios dolosos en el país disminuyó de 86.9 en septiembre de 2024 a 45.4 en junio de 2026. Se trata, sin duda, de un avance importante para la seguridad de los ciudadanos.

Sin embargo, esta misma semana salió a la luz otro hecho que obliga a observar esas cifras desde una perspectiva distinta: la aparición de diez personas asesinadas en Zacatecas. Cinco de los cuerpos fueron encontrados colgados de un puente, mientras que los demás fueron abandonados en distintos puntos del estado, entre ellos las inmediaciones de una clínica.

Esto no significa que la disminución de los homicidios sea falsa o irrelevante. Significa que el problema de la violencia en México no puede medirse solamente contando cadáveres. También debe medirse a partir del miedo que permanece entre la población.

Después de la masacre, circuló una grabación en la que un grupo de hombres armados se atribuyó los asesinatos y lanzó amenazas contra el gobernador de Zacatecas, David Monreal. Algunos funcionarios han cuestionado la autenticidad del video y las autoridades todavía investigan los hechos. Sin embargo, para los ciudadanos, la sola posibilidad de que una organización criminal pueda asesinar, exhibir cuerpos y amenazar públicamente a una autoridad resulta aterradora.

¿Cómo podemos considerar suficiente un avance en seguridad cuando seguimos viviendo con miedo?

No pretendo minimizar las cifras anunciadas por la presidenta. Pasar de 86.9 a 45.4 homicidios dolosos diarios representa una disminución considerable. No obstante, una reducción estadística no significa que México se encuentre cerca de alcanzar la paz. La violencia continúa gobernando mediante amenazas, extorsiones, secuestros, desapariciones y demostraciones públicas de poder.

Lo sucedido en Zacatecas demuestra que algunas organizaciones criminales ya no buscan únicamente asesinar a sus víctimas. También quieren que los demás vean lo que son capaces de hacer. Colgar cuerpos de un puente no es solamente un homicidio: es un mensaje dirigido a las autoridades, a otros grupos criminales y, sobre todo, a la sociedad.

Hoy nos encontramos ante una contradicción. Por un lado, se nos presentan cifras que muestran una disminución de la violencia. Por otro, seguimos observando hechos que parecen decirnos que cualquier persona puede convertirse en víctima y que el crimen todavía conserva la capacidad de tomar espacios públicos para sembrar terror.

La seguridad también debería medirse por la capacidad del Estado para prevenir secuestros, extorsiones, desapariciones y actos de violencia pública. Las cifras pueden mejorar mientras el crimen se transforma y encuentra nuevas maneras de controlar a la sociedad.

También preocupa la respuesta tardía de las autoridades. Después de una tragedia se anuncian operativos, se despliegan soldados y se refuerza la vigilancia. En Zacatecas, las acciones posteriores a la masacre han dejado varias personas detenidas y la participación de fuerzas federales y estatales. Pero la pregunta permanece: ¿por qué debemos esperar a que aparezcan diez cuerpos para descubrir que una organización criminal opera en una zona?

No basta con reaccionar después del horror. La verdadera seguridad consiste en evitar que el horror ocurra.

Los ciudadanos no pedimos venganza, sino justicia. Toda persona acusada de cometer un delito merece ser investigada, presentada ante una autoridad y tener la oportunidad de defenderse. Cuando un grupo armado decide quién es culpable y cuál será su castigo, no estamos frente a un acto de justicia, sino ante una forma de dominio criminal.

México podrá celebrar la disminución de los homicidios, pero no podrá hablar de paz mientras sus ciudadanos continúen viviendo con miedo. Porque cuando el crimen decide quién puede trabajar, gobernar, circular o permanecer con vida, entonces no solamente existe inseguridad: el miedo comienza a gobernarnos.

 


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