Especialista advierte cómo desinfectar albercas y depósitos tras confirmar caso de ameba comecerebros en Mérida
El cloro debe mantenerse entre una y tres partes por millón; el olor solo no garantiza desinfección adecuada
Ante la confirmación del primer caso de meningoencefalitis amebiana primaria (MAP) en Yucatán, un especialista en aguas residuales llamó a mantener desinfección, limpieza y circulación adecuadas en albercas, fuentes y depósitos recreativos, sin caer en alarma innecesaria. Marco Antonio Hernández Cardona, profesor de Ingeniería Ambiental e Ingeniería Civil de la Universidad Anáhuac Mayab, subrayó que la infección por Naegleria fowleri —conocida como «ameba comecerebros»— es poco frecuente y no se transmite de persona a persona: el riesgo ocurre cuando el agua contaminada entra por la nariz, no al beberla.
El hecho que motiva las recomendaciones es la muerte de un hombre de 34 años en Mérida, confirmada el miércoles 9 de septiembre por el Gobierno del Estado. Un comunicado oficial emitido con posterioridad informó que muestras enviadas al Laboratorio Estatal de Salud Pública de Hidalgo confirmaron la presencia del microorganismo. El caso abre la pregunta sobre el estado sanitario de cuerpos de agua en una entidad donde los cenotes forman parte de la recreación cotidiana.
En piscinas y espacios similares, Hernández Cardona precisó que la cloración es la herramienta más accesible, pero exige control riguroso: la concentración debe ubicarse entre una y tres partes por millón, y el pH del agua debe vigilarse de manera constante. «Pensamos que ya le echamos unas gotitas de cloro y ya huele a cloro el agua y ya está libre. Pero realmente para que sea efectiva sí requiere un poquito más de control», advirtió. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) comparten ese criterio en sus guías de uso público.
Las señales de riesgo en una alberca no aparecen por un solo día sin cloro, sino tras semanas o meses de abandono: verdín en paredes y fondo, sedimentos visibles y biopelículas son los indicadores que deben disparar la alerta. En cuerpos de agua de gran volumen, como lagos artificiales, la cloración masiva resulta poco práctica; en esos casos, el especialista recomendó priorizar la aireación y el movimiento del agua para evitar el estancamiento donde la ameba puede prosperar. La misma lógica aplica a cisternas y tinacos domésticos, que Hernández Cardona sugirió limpiar al menos dos veces al año, retirando sedimentos y biopelículas de paredes y fondos.
Respecto a los cenotes yucatecos, el especialista descartó generalizar el peligro: estos cuerpos poseen corrientes subterráneas y movimiento natural que los distinguen de recipientes estancados, aunque advirtió evitar sitios cuyo estado sanitario se desconozca y cuyas posibles descargas de aguas residuales los comprometan. Las pinzas nasales reducen la posibilidad de que el agua ingrese por la nariz, pero no eliminan el riesgo por completo, por lo que no sustituyen el mantenimiento. La recomendación de Hernández Cardona es concreta: mantener las instalaciones en condiciones adecuadas y acudir a sitios con operación verificada, en lugar de suspender las actividades acuáticas por temor.