Fractura ideológica marca la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid entre la derecha regional y el bloque progresista
Cuba, el bloqueo estadounidense y el multilateralismo dividieron a los 22 gobiernos reunidos este jueves en el Palacio Real
Las tensiones ideológicas entre gobiernos latinoamericanos dividieron este jueves la XXX Cumbre Iberoamericana celebrada en el Palacio Real de Madrid, donde el avance ultraderechista, el alineamiento con Washington y la defensa del multilateralismo chocaron en la sesión plenaria ante la ausencia de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum.
La fractura importa porque expone la dificultad de los 22 países iberoamericanos para construir posiciones comunes frente a Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump. El bloqueo a Cuba, el respeto a la soberanía regional y el rechazo al intervencionismo dividieron a las delegaciones en dos bloques sin consenso visible.
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, condenó ante la cumbre el endurecimiento «de manera cruel y sin precedentes del bloqueo a Cuba» y calificó las políticas de Washington de «violatorias del derecho internacional», acto de «injerencia» y «castigo colectivo» al pueblo cubano. Solo Brasil, México, Nicaragua y Uruguay rechazaron de forma expresa ese bloqueo entre los 22 Estados participantes. El secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, exigió respeto a la soberanía de la isla y reivindicó la «cooperación sin subordinación» como principio rector de la política exterior de Sheinbaum.
El ministro brasileño de Exteriores, Mauro Vieira, recuperó ante los delegados una frase que Lula pronunció en octubre ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU): «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie». Vieira defendió el multilateralismo y condenó «los actos ilegales por parte de Estados Unidos» contra Cuba. En el polo opuesto, el presidente argentino, Javier Milei —quien protagonizó un frío saludo con el presidente español, Pedro Sánchez, a su llegada a la plenaria— abrió su intervención con una declaración de principios: «El socialismo es fascista en política y el fascismo es socialista en economía». Milei también reivindicó la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y celebró los resultados electorales recientes en Chile, Colombia y Perú como prueba de «una rebelión democrática contra el paternalismo y el abuso del poder».
El presidente boliviano, Rodrigo Paz, tomó la palabra inmediatamente después de Milei y trazó una distancia deliberada con la retórica ideológica: «Nuestros pueblos no necesitan pensar igual. A nosotros la ideología no nos da de comer», afirmó. Por su parte, el presidente chileno, José Antonio Kast, abordó la normalización de contactos diplomáticos de Chile con Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas militares estadounidenses en enero pasado. La cumbre cerró sin declaración conjunta que reflejara un consenso regional, lo que convierte el próximo foro iberoamericano en el primer escenario para medir si la brecha se amplía o cede.