Investigadora de la UNAM advierte que hallar la ameba comecerebros en un lago no implica riesgo en todos los cuerpos de agua de Mérida
Karla Rodríguez, de la ENES Unidad Mérida, alerta que generalizar podría derivar en medidas como clorar humedales urbanos con biodiversidad propia
La presencia confirmada de Naegleria fowleri —la ameba conocida como comecerebros— en un lago artificial de Mérida no permite concluir que el microorganismo habite otros cuerpos de agua de la ciudad, advirtió la doctora Karla Paulina Rodríguez Medina, profesora de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
La advertencia cobra relevancia porque Mérida concentra una diversidad de cuerpos de agua —lagos recreativos, ex sascaberas, cenotes y humedales urbanos— con orígenes, funciones y condiciones ecológicas muy distintas. Aplicar las mismas medidas de manejo a todos ellos podría resultar ineficaz y generar nuevos problemas ambientales, según precisó la especialista.
Rodríguez Medina, quien investiga actualmente cuatro humedales urbanos de la ciudad, detalló que estos sitios presentan vegetación acuática y semiacuática adaptada a condiciones de inundación, dinámica hidrológica propia y niveles de biodiversidad acuática que los distinguen radicalmente de un estanque estancado o con problemas de calidad del agua. Algunos mantienen agua durante todo el año con niveles adecuados de oxígeno disuelto; otros tienen comportamiento estacional. «Estas características ecológicas e hidrológicas son muy diferentes de las que puede presentar un cuerpo de agua simplemente estancado o con problemas de calidad de agua», subrayó.
La académica advirtió de forma explícita el riesgo de medidas generalizadas. «Me preocuparía que se plantearan medidas como clorar humedales urbanos. Las decisiones de manejo deben responder a las características de cada sitio y estar sustentadas en evidencia científica», enfatizó. Una instalación recreativa con contacto directo al agua exige monitoreo y control sanitario específicos; un humedal con biodiversidad requiere, en cambio, estrategias orientadas a conservar sus procesos ecológicos.
El hallazgo abre una discusión más amplia sobre el crecimiento urbano de Mérida, que en las últimas décadas incorporó lagos, estanques y excavaciones inundadas en plazas comerciales, parques y desarrollos habitacionales, mientras otras excavaciones —algunas sascaberas abandonadas por más de 40 años— evolucionaron hacia ecosistemas con funciones ambientales relevantes. Rodríguez Medina llamó a continuar el estudio sistemático de estos espacios y a comunicar los riesgos sanitarios con contexto científico: «Generalizar puede generar desinformación y conducir a decisiones de manejo inadecuadas», concluyó.