La inteligencia artificial pone a prueba la credibilidad de los procesos educativos
Lo ocurrido con la UNAM marcó un precedente muy importante —observó el editorialista—. La universidad tuvo que invalidar parte de su primer proceso masivo de admisión completamente en línea después de detectar irregularidades y patrones estadísticos que hacían presumir el uso de herramientas externas durante el examen. Aquello abrió una discusión nacional sobre los límites de las evaluaciones a distancia en la era de la inteligencia artificial.
Algunos aprovecharon ese momento para cuestionar duramente a la UNAM —matizó la abogada—. Pero habría que ser justos. Ninguna universidad importante del mundo está completamente preparada para enfrentar un cambio tecnológico de esta magnitud. La inteligencia artificial está modificando la forma de aprender, de investigar y también de evaluar conocimientos.
Además, los exámenes en línea ofrecen ventajas que tampoco pueden ignorarse —añadió el consultor—. Para miles de jóvenes que viven lejos de la Ciudad de México representan una oportunidad real para competir por un lugar sin tener que desplazarse cientos de kilómetros. Renunciar a esa modalidad resolvería un problema, pero abriría otros relacionados con la igualdad de oportunidades.
Y justo cuando parecía que la discusión comenzaba a disminuir apareció el caso de la USICAMM —retomó la periodista—. La Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros informó que detectó múltiples irregularidades durante el examen para la Promoción Horizontal, mediante el cual docentes en servicio buscan acceder a mejores ingresos y estímulos económicos. Incluso se denunciaron intentos de comercializar respuestas y se documentó el uso de teléfonos celulares y otros mecanismos prohibidos durante la evaluación.
Eso vuelve todavía más delicado el debate —reflexionó el político—. Porque ya no estamos hablando únicamente de aspirantes que buscan ingresar a una universidad. Ahora aparecen irregularidades en un proceso que involucra a maestras y maestros que aspiran a mejorar su trayectoria profesional. El problema deja de ser exclusivo de una institución y pasa a convertirse en un desafío para todo el sistema educativo.
Y quizá ahí aparece la reflexión más preocupante —consideró la empresaria—. Muchas veces centramos la discusión en las fallas tecnológicas, cuando en realidad también estamos frente a un problema ético. La facilidad con la que algunas personas normalizan hacer trampa en una evaluación debería preocupar tanto como las limitaciones de los sistemas de vigilancia.
Porque resulta evidente que la tecnología va siempre un paso adelante de los mecanismos de control —comentó el editorialista—. Cada vez existen más herramientas capaces de responder preguntas, resolver ejercicios o incluso asistir discretamente a quien presenta un examen. Pretender que ese fenómeno puede detenerse simplemente prohibiendo la inteligencia artificial parece poco realista.
Lo que corresponde entonces es aprender a convivir con esa realidad —intervino la abogada—. La inteligencia artificial no desaparecerá. Por el contrario, será cada vez más poderosa. El reto consiste en establecer reglas claras sobre cuándo su utilización constituye una herramienta legítima de aprendizaje y cuándo representa un fraude académico.
Y ahí la UNAM podría convertir un problema en una oportunidad —apuntó el consultor—. Aunque recibió el mayor golpe mediático, también tiene la posibilidad de encabezar la construcción de nuevos protocolos para evaluaciones digitales, combinando herramientas tecnológicas, supervisión humana y criterios estadísticos que permitan detectar anomalías sin renunciar a las ventajas de los exámenes a distancia.
Porque regresar completamente a los exámenes presenciales tampoco parece ser la solución definitiva —añadió la periodista—. Es cierto que ofrecen mayores garantías de control, pero también generan barreras económicas y geográficas para miles de aspirantes. El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre accesibilidad, confianza y rigor académico.
Y esa misma discusión tendrá que darse en prácticamente todas las instituciones educativas del país —señaló la empresaria—. Universidades, organismos públicos y sistemas de evaluación profesional tendrán que rediseñar sus procesos porque la revolución tecnológica ya cambió las reglas del juego y difícilmente habrá marcha atrás.
Lo importante es no perder de vista que la inteligencia artificial, por sí sola, no es el problema —reflexionó el político—. Bien utilizada puede convertirse en una extraordinaria herramienta para aprender, investigar y fortalecer capacidades. El verdadero riesgo aparece cuando sustituye el esfuerzo personal o cuando se utiliza deliberadamente para obtener ventajas indebidas.
Al final, tanto el caso de la UNAM como el de la USICAMM dejan una misma enseñanza —concluyó la periodista—. Las instituciones educativas mexicanas enfrentan uno de los mayores retos de las últimas décadas. No basta con incorporar nuevas tecnologías; también será necesario construir una nueva cultura de integridad académica y desarrollar mecanismos de evaluación acordes con una realidad donde la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana. Porque el futuro de la educación dependerá no solo de qué tan inteligentes sean las herramientas, sino de qué tan capaces seamos de utilizarlas con responsabilidad.