La prevención también es obra pública
La ampliación de la Red Sísmica Mexicana demuestra que prevenir también es construir, aunque las obras más importantes no siempre sean visibles ni generen grandes ceremonias
Hace unos días, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) anunció la ampliación de la Red Sísmica Mexicana mediante la construcción de 58 nuevas estaciones. De estas, 38 estarán a cargo del Servicio Sismológico Nacional, perteneciente al Instituto de Geofísica, mientras que las otras 20 serán operadas por la Unidad de Instrumentación Sísmica del Instituto de Ingeniería.
Cuando leí la noticia, genuinamente me detuve y aplaudí. Puede parecer exagerado, pero no lo es. Esta no es una de esas obras públicas enormes que transforman de inmediato la apariencia de una ciudad, tampoco es el tipo de proyecto que garantiza fotografías espectaculares o grandes ceremonias de inauguración. Sin embargo, representa algo mucho más importante: entender que, en ocasiones, la prevención es la mejor obra pública.
Con esta infraestructura será posible calcular con mayor precisión la ubicación y la magnitud de los temblores, además de generar mapas que indiquen en qué zonas se movió con mayor intensidad el suelo y dónde podrían existir afectaciones en viviendas o infraestructura. Estos datos pueden servir para que las autoridades tomen mejores decisiones después de un sismo y atiendan primero los lugares con mayor riesgo.
Se trata de un gran paso para México porque, si de algo pecamos como sociedad, es de no ser suficientemente precavidos. Nos hemos acostumbrado a tapar el hueco después de que alguien cae, en lugar de evitar que ese hueco se abra.
Normalmente tiene que ocurrir una desgracia para que prometamos estar mejor preparados. Durante algunos días hablamos de protocolos, revisamos instalaciones, señalamos omisiones y aseguramos que la próxima vez será diferente. Sin embargo, pasa el tiempo y también desaparece el sentido de urgencia. Regresamos a la normalidad y vivimos confiando en que la siguiente emergencia tardará en llegar.
Por eso, aunque la instalación de nuevas estaciones pueda parecer un proyecto pequeño o lejano para buena parte de la población, en realidad es enorme. No solamente por los equipos que serán colocados, sino por el mensaje que transmite: sí es posible invertir antes de la tragedia y no únicamente después de ella.
México suele privilegiar las obras que pueden verse, fotografiarse e inaugurarse. Nos gustan los proyectos capaces de presumirse ante los ciudadanos y ante otros países. Pero la verdadera responsabilidad de un gobierno y de sus instituciones también se demuestra en las decisiones silenciosas, aquellas cuyos beneficios quizá no sean evidentes todos los días, pero que pueden marcar una enorme diferencia cuando llegue una emergencia.
Por supuesto, instalar las estaciones no será suficiente. Será necesario darles mantenimiento, garantizar su funcionamiento, capacitar al personal y, sobre todo, utilizar la información que produzcan para tomar decisiones oportunas. La prevención no termina cuando se coloca un equipo, comienza cuando los datos se convierten en acciones.
Hoy aplaudo esta decisión porque representa un cambio en la forma de entender la obra pública. Prevenir también es construir. Prevenir también es proteger. Y, aunque muchas veces no pueda verse ni inaugurarse con una gran ceremonia, prevenir puede ser la obra más importante de todas.