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PERIODISMO, LITERATURA Y FÚTBOL

Por Manuel Tejada Loría

Por Manuel Tejada Loría · 2/10/2026 16:13
PERIODISMO, LITERATURA Y FÚTBOL

(Portada de libro que hace referencia a este artículo)

La relación entre periodismo y literatura es fronteriza. Comparten diversos elementos como el lenguaje y la palabra, así como la realidad que observan, registran y recrean. Si miramos hacia atrás, el surgimiento del periodismo estuvo de la mano con la creación literaria, pero a la larga, debido a su función social ese camino se fue bifurcando. Por lo que la frontera de la que hablamos tiene que ver más con determinar dónde

termina el periodismo y dónde comienza la literatura.

Para el poeta y periodista español Martín Alonso Pedraz, “el periodismo tiene una triple función: informar, orientar y deleitar”. Esta idea de algún modo sigue acercando a ambas disciplinas. Una referencia obligada es Gabriel García Márquez, periodista y escritor, Premio Nobel de Literatura 1982, experto en difuminar esta frontera. Su obra parte de una sólida labor en el periodismo, pero se traduce en obras literarias extraordinarias como sus libros “La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile”, o “Noticia de un secuestro”.

La apasionante relación entre periodismo y literatura volvió gratamente a nuestra memoria al leer el libro de cuentos “Lleno de balón”, del periodista y escritor de origen yucateco Miguel Ángel Cocom Mayén. Publicado este 2026 por el Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida y la editorial Libros del Marqués, los once textos que conforman el libro van más allá

de la lógica capitalista del fútbol y profundizan en la complejidad humana de sus personajes, la mayoría niños, adolescentes y jóvenes.

El primer cuento del libro, titulado “Balón, pelota”, es un ejemplo de esta relación fronteriza de la que hablamos. De acuerdo con el autor, el tema surgió de un reportaje que posteriormente ficcionalizó. En el cuento, una joven jugadora de fútbol llamada Lizeth se interesa también por el juego prehispánico llamado pok ta pok. Este acercamiento la comunica con algo lejano que también forma parte de ella y que le hace sentir empatía por ese juego ritual de la cultura maya.

El cuento, como el resto de las historias del libro, además del tema

futbolístico, informa y orienta sobre otros temas esenciales que muestran

el complejo entramado de nuestras relaciones humanas. Y ese efecto comunicativo, esa identificación que solo la literatura —y acaso el periodismo— pueden producir, logra un deleite único y verdadero que

ubica a este libro en un lugar especial de la literatura.

El dilema que plantea el cuento “Balón, pelota” a la joven protagonista, entre jugar fútbol soccer o pok ta pok, quizá sea, en el fondo, una pregunta que también toca nuestra identidad mestiza: cómo reconocer y mantener vivo el vínculo con nuestras raíces indígenas a través de la cultura, las costumbres y la lengua.

La sabia voz de la abuela, originaria de la costa yucateca, toma de la

misma naturaleza una posible solución ante el titubeo de su nieta entre elegir jugar fútbol o pok ta pok. Dice la voz de la abuela: “Los manglares también crecen en dos mundos: tierra y agua. No eligen. Aprenden a respirar donde pueden. Haz lo mismo tú, Liz. No dejes que te corten las raíces”.

La resolución del cuento, sin adelantar nada, es magnífica y bella, y marca una pauta para las diez historias restantes.

Los académicos Jorge Cortés Montalvo y José Antonio García Pérez, en su artículo “Relaciones entre periodismo y literatura: fusión y confusión”, señalan que para el periodista y escritor argentino Tomás Eloy Martínez "el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica sino, ante todo, es el vocero que observa y describe la realidad, pero también es capaz de reconocer las emociones y las tensiones de la vida, entender el sentido de tantos por qué, para qué y cómo de las cosas”.

Quizá entonces, si el periodismo se ocupa de mirar y comunicar la realidad social, la literatura encuentra en esa misma realidad otras posibilidades para profundizar en la complejidad de lo humano, convirtiéndose, en ese cruce de fronteras, en una suerte de periodismo de lo íntimo.

En todos los sentidos, esta nueva publicación de Miguel Ángel Cocom

Mayén ha sido un libro de reencuentros. En él he visto reflejados hermosos atisbos de olvidadas pasiones, como lo es el fútbol mismo, o también esa extraña, pero exquisita relación entre literatura y periodismo donde a veces se camina a tientas.

Y desde luego, un grato reencuentro con la literatura —y hay que poner

esta palabra en mayúsculas—, una literatura como pocas que nos habla,

nos comunica, nos identifica. Quizá por eso, al final, “Lleno de balón” nos

recuerda que estamos aquí, intentando jugar en equipo. Aunque a veces no se logre.

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