Por: Cristina Padín.
No apretó el botón. Estaba retocando una fotografía que pensaba subir a redes. Diría que era su casa, en verdad no lo era, pero era una casa preciosa (no se paró a pensar que el hogar es donde está lo que aporta a uno).. Al no apretar el botón en el edificio pertinente no entró aquella solicitud. Que sí tenía que haber entrado. Porque la prueba se había superado con excelente nota. No apretó el botón. Estaba pensando cualquier tontería de las que pensaba habitualmente. No era sincera ni leal ni honesta..
En el edificio pertinente tramitaron las nueve solicitudes. Aquella niña, la que sería la décima, no pudo ir. No iría. Una semana más tarde viajaron a Francia. A aquel concurso tan importante. La niña, que tan bien tocaba el violín, no acudió. Nunca se quejaba, así que pensó que no lo habría hecho perfecto. Acudió con una amiga a una novillada. El organizador era noble y de gran afición y había montado un plan ideal. Uno de los novilleros era su primo. Sonó en el concurso buena música..
La que no apretó el botón, de casualidad, se había cruzado con la niña en las inmediaciones de la plaza. Iba buscando que alguien la invitara a la novillada. Como nadie lo hizo no compró la entrada, aunque era muy barata.. y mientras Francia aplaudía a un guitarrista la niña ovacionaba a los novilleros, y la que no apretó el botón editaba una fotografía para publicar con un texto alusivo a que ella estaba en ese evento..
No hay moraleja.. simple realidad..
En homenaje a mi Aventuras y desventuras de una estúpida
Dedicado a la niña
A los novilleros
A los que organizan novilladas
A los valientes
A Carlos
A Luis
A mis amigos franceses
A la música
A los violinistas
Y al genio Ara Malikian


