Por: Cristina Padín.
Pañuelos hay muchos. Unos los llevan en el bolsillo los abuelos, esos mismos abuelos que a muchos nos duelen y por eso los protegemos tanto siempre y ahora. Otros los llevan los caballeros en su paseo y a los toros. Otros se llevan las lágrimas de amor adolescente de la niña que llora porque el niño que ama, que en verdad es un niño bueno, quiere a otra. Otros son bonitos y adornan, estilizan los cuellos o engalanan los bolsos. Hay pañuelos de seda y los hay de hilo. Hay pañuelos que en las plazas de toros otorgan una oreja, y son alegría, o tal vez otorgan dos orejas, y son alegría mayúscula. Hay pañuelos a los que les cantan Antonio Carmona o Niña Pastori. Y hay pañuelos que son blancos. Blancos los hay también de mucha clase y condición. Sin duda hay pañuelos blancos en Lorca y también en Los pazos de Ulloa. Y hay pañuelos blancos en Sevilla. En las manos de Morante, entre los dedos de Morante. Pañuelo blanco morantista cual plateada Luna del Romancero. Ese pañuelo blanco una vez desde la piel de Morante, el que guarda todo lo que importa, viajó hacia la testuz de un toro sobre el albero maestrante. Dicen que viajar es vivir, saber, aprender. Pues en ese viaje el pañuelo vivió, supo y aprendió. Hizo un camino a través de la historia de la tauromaquia, qué culto es el toreo que el camino sería interminable, como interminable era la historia aquella que alimentó nuestras infancias. Y el camino era largo y artístico y religioso y torero y político y sereno y culto, muy culto. Y el pañuelo fue un homenaje. Y desde un corazón de La Puebla del Río se honró a un matador de Gelves que, más de cien años antes, iba con un pañuelo blanco a rezar en silencio y a mirar con respeto hacia los ojos de su madre celestial: la Esperanza Macarena..
Ahí, en ese pañuelo blanco de una tarde del 10 de mayo, nace la historia de mil historias..
Dedicado a los pañuelos blancos
A Morante
A la memoria de Joselito el Gallo
A Sevilla
A Ale Teji
A Carlos
Al toreo
A Luis
A cada persona sensible
Al jefe
Al flamenco
Y a lo que de verdad importa


