De Ser a Ser, por: Santiago Heyser.
“Las personas más extraordinarias del mundo de hoy no
tienen una carrera. Lo que tienen es una misión”. Vishen Lakhiani; autor, orador y activista.
Con la intención de encontrar una respuesta a la pregunta: ¿de qué se
trata la vida?, en los dos artículos anteriores, expresé que debiéramos usar la
inteligencia y la razón como herramientas de análisis y buscar que las ideas y
las respuestas derivadas de ellas tengan un grado de evidencia, estén apoyadas
en el sentido común y sean lógicas. Así mismo, intenté clarificar las
diferencias entre dos conceptos que pueden llegar a confundirnos. Primero, el objetivo de vida, que considero debe ser
universal para cada individuo de nuestra especie y que contesta a la pregunta: ¿De
qué se trata la vida humana?; segundo, el sentido
de propósito, que es individual y en términos generales puede durar toda
nuestra vida o cambiar a lo largo de ella y responde a la pregunta: ¿Para
qué existo? A lo que la semana pasada añadimos: “…el sentido de propósito es
una idea, un concepto. Muchas veces, al tener un sentido de propósito claro,
resolvemos la ansiedad que provoca en nuestras vidas el no tenerlo.” Y
concluimos: “Finalmente, ya sea que tengamos un sentido de propósito claro o
no, o hayamos logrado uno y establezcamos uno nuevo o que estemos en el proceso
de alcanzarlo, el sentido de propósito no es la respuesta a nuestra pregunta
inicial, ya que, al no ser un común denominador de nuestra especie el que
tengamos o no un sentido de propósito, no cumpliríamos con la condición de
universalidad, es decir, que la respuesta funcione para todos. Hablamos también
de los objetivos y metas: que forman parte de lo cotidiano y en general tienen
un tiempo de duración mucho más corto en comparación a toda nuestra vida y
responden a la pregunta: ¿Por qué y para qué hago lo que hago?
Entonces, ¿de qué se trata la vida? El principio de acto y potencia de
Aristóteles nos da la primer pista: “El ser no sólo se toma en el sentido de
sustancia, de cualidad, de cuantidad, sino que hay también el ser en potencia y
el ser en acto, el ser relativamente a la acción” (Aristóteles, Metafísica,
libro IX, 1). En otras palabras, hoy se es, pero mañana, en potencia podemos
ser otra cosa, de la misma manera que una semilla de trigo es semilla (en acto),
pero en potencia puede ser espiga. El maestro Faustino Castro (mentor y amigo [q.e.p.d.]),
llegó a la conclusión de que: “Vivimos para crecer y desarrollar nuestro propio
e individual potencial humano durante el espacio de tiempo que llamamos vida.
Así, de la misma manera que una semilla de trigo tiene el potencial de
convertirse en espiga, el ser humano, que nace “semilla”, tiene la oportunidad
a través de la vida y sus acciones de desarrollar todo su potencial y alcanzar
su plenitud personal; la diferencia de una persona, cualquier persona, con la semilla
del trigo, es que ésta depende de la tierra, del clima y el agua, en cambio
nosotros dependemos de nuestras acciones y decisiones, es decir: ¡De nuestra
voluntad! Faustino decía: “Cada persona humana tiene la capacidad de
desarrollar su potencial y tiene la discapacidad de no hacerlo, lo que no puede
es dejar de ser. Desarrollar nuestro potencial no es obligación, ni es algo
debido: quien lo haga, estará creciendo, quien no, pues no. Es difícil, para un
observador externo, saber o determinar, en cada caso, con qué actos cada
hombre, y en qué medida, procura el desarrollo de su potencial; es aún difícil
para uno mismo; pero el que sea difícil, no quita ni mengua un ápice esa
realidad”.
Cada uno de nosotros somos seres individuales, si usamos la analogía de
la semilla, cada uno de nosotros somos un tipo distinto de semilla que tiene el
potencial de convertirse en determinado tipo de planta o árbol, hay unos más
altos que otros, de diferentes colores, algunos dan frutos, otros dan flores,
todos somos diferentes y únicos; lo que a todos aplica, es que si queremos
alcanzar (en el espacio de tiempo que llamamos vida) nuestra propia plenitud,
creciendo y desarrollando nuestro potencial, debemos de averiguar qué tipo de
semilla somos (qué y quiénes somos) y entonces sí: establecer metas y
objetivos, relacionarnos con personas, si es el caso seleccionar una pareja,
escoger un trabajo, decidir dónde y cómo queremos vivir y hacer las actividades
que nos gustan, para que todo lo que hacemos se alinee y contribuya cada
momento, cada día, a nuestro crecimiento y al desarrollo del potencial con el
que nacimos… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: Heyser@deSeraSer.mx


