De Ser a Ser, por: Santiago Heyser.
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo ser felices?, a
veces creemos que somos solo nosotros, pero parece que le pasa a la mayoría que
son felices un momento y después ya no.
Comencemos por el principio y entendamos de qué estamos hablando, ya que
la felicidad se confunde con muchas cosas; felicidad, de acuerdo con el
diccionario significa: “Estado de grata satisfacción espiritual y física.”
Luego entonces la felicidad no es sinónimo de alegría, bienestar, estar
contento o placer. Acerca del placer,
vale la pena detenernos para hacer una clara diferenciación, ya que uno de los
errores más comunes que cometemos es confundir el placer con la felicidad y no
nos damos cuenta de algunas diferencias básicas. Lo primero, es que el placer
tiene que ver con los sentidos y la felicidad tiene que ver con lo espiritual,
con lo que somos; dos de sus características para no confundirlos son: el
placer se termina, la felicidad no; el placer hastía y la felicidad no. Al
margen de la distinción semántica, si profundizamos un poco observaremos que,
basados en la propia experiencia humana, la felicidad es un estado de la mente,
es una actitud consciente que tenemos ante la vida, resultado de tener claridad
acerca de quiénes somos y de comprender que nada tiene que ver con lo que es
externo a nosotros y que tampoco es un estado de éxtasis permanente.
La mayoría de nosotros generalmente cometemos los mismos errores al
buscar ser felices, por lo que me di a la tarea de hacer una lista de ellos,
que, si bien no es concluyente, explica las principales razones de nuestra
infelicidad. Podríamos enumerar entonces que somos infelices porque: 1.- No
somos conscientes, no nos damos cuenta que la felicidad tiene que ver con
nuestra esencia como seres humanos, con nuestra propia espiritualidad; 2.- No
vivimos la vida cuando sucede, en el ahora, en el momento presente (o estamos
añorando el pasado o estamos esperando un mejor futuro); 3.- No aceptamos la
realidad y luchamos contra ella; 4.- Creamos expectativas o esperamos situaciones
que no se cumplen; 5.- Creemos que la felicidad es algo que obtenemos y es
externo a nosotros; 6.- Creemos que necesitamos a alguien; 7.- No hacemos lo
que queremos; 8.- Estamos estáticos en lugar de estar en movimiento, creciendo
y viviendo. 9.- No razonamos y dejamos que los condicionamientos culturales,
religiosos y la educación que recibimos determinen nuestras vidas sin
evaluarlos ni cuestionarlos; 10.- No nos hacemos responsables de nuestra vida y
de nuestras acciones.
El primer error es que no somos conscientes de nosotros mismos,
olvidamos que somos seres espirituales teniendo una experiencia terrenal y no
al revés; esto no es un concepto religioso, es una realidad metafísica (RAE: Parte de la filosofía
que trata del ser, de sus principios, de sus propiedades y de sus causas
primeras). Hay que darnos cuenta qué
somos y dejar de identificarnos con la falsa identidad que genera nuestra
mente a la que denominamos ego. Si nos equivocamos en el diagnóstico, jamás
encontraremos la cura, si no entendemos un problema, difícilmente encontraremos
la solución. Cuando somos conscientes de nosotros mismos podemos distanciarnos
de nuestras emociones y pensamientos, lo que nos lleva a la ecuanimidad y
también podemos elegir el tipo de pensamientos que tenemos, positivos o
negativos, lo que nos ayudará o no, a ser felices. En un estudio acerca de la
mente y la felicidad realizado por Richard J. Davidson, profesor de psicología
y psiquiatría en la Universidad de Wisconsin, se demostró que, a mayor cantidad
de pensamientos negativos, mayor actividad en el córtex derecho del cerebro y
en consecuencia: mayor ansiedad, depresión, envidia y hostilidad hacia los
demás, en otras palabras: ¡Más infelicidad autogenerada! Por el contrario,
quien piensa en forma positiva y ve el lado amable de la vida, ejercita el
córtex izquierdo, elevando las emociones placenteras y mejorando su forma de
vivir.
En artículos subsiguientes iré profundizando sobre cada uno de los diez puntos
mencionados, mientras tanto, hoy me despido con una historia que invita a la
reflexión acerca de la verdadera felicidad: “Es la historia sobre un
académico que visita la India y encuentra al margen del río Ganges a un asceta
en meditación, se acerca y le pregunta si es feliz, el asceta contesta: que no,
por eso busca conocer la naturaleza del Ser, descubrir la realidad, saber qué
es la mente, entender la no-dualidad. El académico se aleja del asceta y más
delante encuentra a una mujer que se ve muy feliz jugando con sus niños, el
académico le pregunta sobre la naturaleza de la realidad, sobre la inmortalidad
del Ser, sobre la no-dualidad, etc., la mujer le contesta que ella no sabe nada
de eso ni le interesa, que ella solo sabe que es feliz jugando con sus niños.
El académico regresa con el asceta y le cuenta sobre la felicidad que ya logró
la mujer: ¡sin necesidad de búsqueda espiritual! y sin necesidad de tanta
indagación. El asceta le contesta que no es esa la felicidad que busca, que no
es el tipo de felicidad que vive la mujer con los niños su meta”. Ramón
Gallegos en su libro La Consciencia
Iluminada, nos hacer ver de forma clara la moraleja de la historia del
asceta: “Esta historia popular ilustra el peligro de confundir la verdadera
felicidad espiritual producto del conocimiento de sí mismo y el discernimiento
perfecto, con la felicidad prepersonal producto de la ignorancia y la
inconsciencia al identificarnos a nosotros mismos con nuestro propio ego,
nuestros pensamientos, deseos y nuestras emociones”… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: Heyser@deSeraSer.mx


