El ejército de Rusia lanzó durante la madrugada del 9 de enero de 2026 un misil balístico hipersónico denominado Oréshnik contra territorio de Ucrania, en el marco de una ofensiva de gran envergadura que además incluyó drones y misiles de largo alcance. El Ministerio de Defensa ruso afirmó que se trató de una respuesta a un supuesto ataque ucraniano con drones contra una de las residencias del presidente Vladimir Putin, algo que las autoridades de Kiev han negado rotundamente.
El proyectil, que se desplazó a velocidad hipersónica y puede transportar cabezas nucleares o convencionales según datos militares, impactó en infraestructura crítica en la región occidental de Ucrania, cerca de la ciudad de Leópolis, muy próxima a la frontera polaca. El alcalde de esa ciudad, Andrí Sadovi, describió el ataque como “una clara señal para nuestros socios internacionales: la guerra de Rusia no se detiene ante ninguna frontera”.
Además del lanzamiento del Oréshnik, las fuerzas rusas emplearon un total de 242 drones y 36 misiles de diverso tipo, lo que provocó explosiones en varias partes del país y afectó zonas urbanas e instalaciones estratégicas. La defensa aérea ucraniana informó que interceptó la mayoría de los artefactos, aunque algunos alcanzaron sus objetivos.
En la capital, Kiev, se informaron al menos cuatro personas fallecidas y más de veinte heridas en bombardeos nocturnos que dañaron edificios residenciales, instalaciones sanitarias y redes de servicios básicos. Las autoridades locales señalaron que varios barrios quedaron sumidos en la oscuridad por los impactos.
La comunidad internacional reaccionó con preocupación ante el uso del misil hipersónico Oréshnik, especialmente por su proximidad a la frontera con la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sibiga, calificó el ataque como “una grave amenaza para la seguridad del continente europeo y una prueba para la comunidad transatlántica” y exigió respuestas contundentes.
Moscú ha rechazado reiteradamente la presencia de fuerzas multinacionales en Ucrania y ha tachado de “absurda” cualquier acusación sobre agresiones previas por parte de Kiev. Mientras tanto, en medio del conflicto que entra en su cuarto año, las perspectivas de un alto al fuego o de un acuerdo diplomático se mantienen lejanas, con un aumento de las tensiones regionales y una creciente demanda internacional de sanciones y apoyo a Ucrania.


