En junio de 2025, Donald Trump aseguró categóricamente que el programa nuclear de Irán había sido “destruido”. Esta declaración se produjo tras una serie de ataques aéreos lanzados por su administración contra las instalaciones nucleares de la República Islámica. Sin embargo, hoy, en febrero de 2026, las afirmaciones de Trump sobre la “aniquilación” del programa iraní parecen contradecirse con los hechos. ¿Por qué, a pesar de haber declarado la destrucción total de las capacidades nucleares de Irán, la administración estadounidense vuelve a poner sobre la mesa la opción de un ataque militar más?
En marzo de 2025, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos evaluó que Irán no estaba construyendo un arma nuclear. Sin embargo, los ataques aéreos lanzados por el gobierno de Trump en junio de ese mismo año afirmaron haber destruido las instalaciones nucleares iraníes. Incluso, el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, manifestó en una entrevista que “nuestro principal interés aquí es que no queremos que Irán obtenga un arma nuclear”. Por su parte, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, advirtió que Irán “probablemente esté a una semana de tener material para fabricar bombas de grado industrial”.
A pesar de estos alarmantes comentarios, si Irán estuviera tan cerca de desarrollar material para bombas nucleares, esto representaría una increíble recuperación del programa nuclear iraní, algo que parece ir en contra de las afirmaciones de Trump. En junio de 2025, el presidente estadounidense declaró que “las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear de Irán han sido completamente destruidas”. Esta afirmación fue seguida por meses de reiteraciones, donde Trump afirmó haber “aniquilado” y “destruido” todo lo relacionado con las capacidades nucleares iraníes.
Sin embargo, las evidencias disponibles no respaldaron tales declaraciones. Según un informe de inteligencia estadounidense revelado por CNN, los ataques solo habrían retrasado el programa nuclear iraní durante unos meses, pero no lo habrían destruido por completo. A pesar de este informe, Trump continuó repitiendo que las capacidades nucleares de Irán habían sido “eliminadas”, e incluso llegó a afirmar que “destruimos su capacidad nuclear” en múltiples ocasiones a lo largo de los meses siguientes.
La contradicción entre las afirmaciones de Trump y los informes de inteligencia sobre la efectividad de los ataques aéreos no ha hecho más que aumentar la confusión sobre la verdadera situación del programa nuclear iraní. Al principio, Trump pareció concentrarse en los logros de su administración, destacando lo que se consideraba un éxito rotundo. Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo, las razones para atacar nuevamente a Irán se desplazaron, y ahora se argumenta que la amenaza nuclear persiste.
Hoy, la administración Trump ha colocado nuevamente a Irán en el centro del debate, citando la amenaza nuclear como una justificación para posibles ataques futuros. El propio Trump afirmó recientemente: “No pueden tener armas nucleares; es muy simple”, mientras que su equipo de seguridad ha enfatizado que Irán está enriqueciendo uranio a niveles peligrosos, lo que podría llevar al país a tener suficiente material para fabricar bombas nucleares.
El hecho de que Trump haya continuado repitiendo sus afirmaciones sobre la destrucción del programa nuclear de Irán, mientras que su administración se prepara para justificar nuevos ataques, revela un patrón de inconsistencia en sus motivaciones. La Casa Blanca ha admitido, a través de su secretaria de prensa Karoline Leavitt, que existen “muchas razones y argumentos” que podrían presentarse para justificar un ataque a Irán, aunque no haya una narrativa clara y consistente sobre la situación.
Esta falta de coherencia en la justificación de la política estadounidense hacia Irán recuerda otros episodios de intervención militar de la administración Trump, como el intento de derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro. En ambos casos, las justificaciones varían, pero la opción de la fuerza militar sigue siendo una constante.
Las afirmaciones de Trump y las acciones de su gobierno demuestran la complejidad y las contradicciones en torno a la relación de Estados Unidos con Irán. Si bien la administración de Trump proclamó el éxito de sus ataques aéreos en 2025, el enfoque actual parece centrarse en la idea de que el régimen de Teherán sigue siendo una amenaza nuclear inminente. Este giro en la narrativa sugiere que la política estadounidense hacia Irán sigue siendo incierta y está evolucionando, lo que deja abierta la posibilidad de una nueva escalada en las tensiones entre ambos países.
Al final, la pregunta persiste: si el programa nuclear iraní fue realmente destruido, ¿por qué Estados Unidos sigue considerando la opción de un ataque militar? Las respuestas a esta interrogante son cada vez más complejas y sugieren que la política de intervención militar en Irán podría estar guiada más por motivos cambiantes que por una evaluación coherente de la situación.


