En Cozumel, el aumento de personas en situación de calle comienza a convertirse en una preocupación visible para autoridades, organizaciones civiles, comerciantes y habitantes de la isla. De acuerdo con estimaciones municipales recientes, actualmente entre 70 y 120 personas pernoctan en espacios públicos, cifra superior a la registrada el año pasado, cuando se contabilizaban entre 65 y 67 casos. Aunque el número puede variar debido a la movilidad de esta población, al ingreso temporal a centros de rehabilitación o al apoyo ocasional de familiares, el crecimiento refleja una problemática social que demanda atención sostenida y coordinada.
El fenómeno no se limita únicamente a la falta de vivienda. Especialistas y autoridades han señalado que detrás de muchos casos existen problemas de adicciones, consumo de alcohol, uso de sustancias y padecimientos de salud mental que no han recibido tratamiento adecuado. La directora del Centro de Integración Juvenil, Fabiola Ruiz Gallardo, explicó que se trata de una situación compleja, pues no basta con ofrecer un techo temporal si no se atienden las causas que llevaron a estas personas a vivir en las calles. En sus palabras, “no se trata solo de falta de vivienda, sino de adicciones y temas de salud mental que requieren atención especializada”.
Las zonas donde más se observa esta realidad son el malecón y la avenida Rafael E. Melgar, puntos de alta afluencia tanto para residentes como para visitantes. La presencia de personas en situación de calle en estos espacios ha hecho más evidente el problema durante los últimos meses, especialmente en áreas vinculadas con la actividad turística de Cozumel. Comerciantes de la zona han reconocido que antes el fenómeno no era tan notorio, pero ahora forma parte del paisaje cotidiano del centro de la isla. Diego Martínez, comerciante local, comentó que “cada vez es más común ver personas en estas condiciones en el centro”.
Organizaciones de apoyo también advierten que la atención no siempre es sencilla, debido a que muchas personas rechazan la ayuda institucional. En algunos casos, la dependencia a sustancias o los problemas emocionales dificultan su canalización hacia programas de rehabilitación, asistencia social o reintegración comunitaria. Berta Gómez, voluntaria en un grupo de asistencia comunitaria, señaló que “se les ofrece apoyo, pero no todos lo aceptan”, por lo que insistió en la necesidad de un seguimiento constante y no solo de intervenciones aisladas.
Ante este panorama, autoridades de salud y asistencia social han subrayado la importancia de fortalecer la coordinación entre instituciones para atender el problema desde distintos frentes. La prevención de adicciones, la atención psicológica, los programas de rehabilitación, la reintegración familiar y las acciones de asistencia social aparecen como elementos indispensables para enfrentar una situación que no puede resolverse únicamente con operativos o medidas temporales.
El incremento de esta población también representa retos en materia de salud pública, seguridad y percepción social, sobre todo en una isla cuya economía depende en buena medida del turismo. Sin embargo, especialistas y grupos comunitarios coinciden en que la respuesta debe centrarse en la dignidad humana y no en la invisibilización de quienes viven en la calle. La atención integral debe contemplar tanto la protección de los espacios públicos como el derecho de las personas vulnerables a recibir apoyo real, especializado y continuo.
Como parte de los esfuerzos para atender esta situación, se encuentra en operación el Centro de Rehabilitación y Asistencia para la Atención de las Adicciones y el Riesgo en Quintana Roo. En el caso de Cozumel, el CRAADYR cuenta con una capacidad proyectada para brindar atención integral hasta a 80 personas, lo que representa una alternativa importante frente al crecimiento de esta problemática.
El aumento de personas en situación de calle en Cozumel deja ver una realidad que va más allá de la imagen turística de la isla. Se trata de un reflejo de problemas sociales profundos que combinan abandono, adicciones, salud mental, falta de redes familiares y necesidad de acompañamiento institucional. Mientras la presencia de esta población continúa creciendo en espacios públicos, el desafío para las autoridades y la sociedad será construir respuestas humanas, eficaces y permanentes, capaces de atender no solo las consecuencias visibles, sino también las causas que empujan a una persona a vivir en la calle.


