Por: Cristina Padín.
Ni uno ni otro soportaban a la Envidia. Tan tétrica y falsamente escurridiza. El Cristal era limpio y luminoso, fresco como el agua de abril, la claridad y lo que es hermoso. Y la Valentía era serena y firme, junco y roca, era como un beso sincero, como un lance torero, como un grato soneto.
Una tarde se cruzaron. Y se rozaron..
Y alguna noche el Cristal soñaba con esos ojos honrados de la Valentía. Y algunos amaneceres la Valentía deseaba que la boca de él le contara cuentos y leyendas. Uno era franco y hecho de lealtad. La otra era libertad y saber ser. Dos latidos de fuego y esencia.
Y una tarde quedaron. Fueron a los toros. Y se besarían, después.. se besarían..
Los cristales son transparentes
Y la valentía es clara y limpia.
A los valientes
Y a los cristales
Y a mi querido Luis
A los antiguos Albriux
A mi amiga Ana
A mi amigo Manuel
A mi amigo Carlos y a mi amigo Juan Carlos
Al toreo
A mi mago
Y a los lances


