La Revista

Simulación

Fernando Belaunzarán Méndez
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Por: Fernando Belaunzarán.

“Sabemos que nos mienten. Ellos saben que
mienten. Ellos saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que ellos saben que
sabemos que nos mienten. Y, sin embargo, siguen mintiendo”. Estas líneas de
Aleksandr Solzhenitsyn mantienen vigencia en la actualidad, no sólo en Rusia,
sino también en otros países donde se ha encumbrado el populismo autoritario.
En México nos remite de inmediato a la mañanera, pero su gravedad es mayor
cuando el engaño defrauda la ley, es avalado por autoridades que deben vigilar
su cumplimiento y, por si eso fuera poco, compromete la sucesión presidencial.

Es del
dominio público que el proceso recién abierto por Morena es para destapar a la
corcholata que competirá por la Presidencia en 2024. Y no sólo eso, también va
a determinar quiénes encabezarán las bancadas y quiénes se irán al gabinete u
obtendrán otro premio de consolación. La fuente es el presidente López Obrador,
vocero en los hechos de la coalición electoral del oficialismo. Él propuso las
reglas que asumió el Consejo Nacional de ese partido.

Sin
embargo, de buenas a primeras y subestimando la inteligencia de las personas,
corrigen para aclarar que en realidad van a nombrar a un “coordinador de los
Comités de Defensa de la Cuarta Transformación”, el cual ni siquiera se
encuentra en sus estatutos. El propio mandatario, en un ataque de franqueza,
despejó cualquier duda sobre el motivo de la inverosímil rectificación: evitar
sanciones por violar la legislación electoral.

Así de
fácil. Los aspirantes a la candidatura presidencial del partido oficial
renunciaron a sus altos puestos para competir formalmente por un cargo
inventado como estratagema para engañar al INE y al TEPJF, a sabiendas que el
ganador estará en la boleta. La trampa está a la vista de todos y el dolo ha
sido confesado por su autor, pero esperan salirse con la suya y lo peor es que
a nadie extrañaría que lo lograrán.

En lugar
de detener el proceso ilegal que daña la equidad en la contienda, el Comité de
Quejas del INE les señaló con medidas cautelares cómo deben simular para llevar
la fiesta en paz. No está de más recordar que las campañas anticipadas
provienen desde hace dos años, cuando el Presidente adelantó la sucesión
difundiendo una lista de tapados a los que llamó corcholatas y les dio el
banderazo de salida para que se promovieran a lo largo y ancho del país, lo que
hicieron en detrimento de sus responsabilidades como funcionarios. Durante ese
tiempo no han podido ponerlos en orden y no parece que lo vayan a hacer ahora.

Se
entiende la dificultad de hacer valer la ley cuando el reto a las instituciones
proviene de la Presidencia de la República que, además, suele echar a andar
toda la fuerza del nuevo partido de Estado para presionar y que su voluntad
prevalezca sobre las normas. En su momento, los magistrados tendrán elementos
de sobra para anular el registro de la corcholata afortunada, cualquiera que
ésta sea, pero las consecuencias de hacerlo serían muy altas y
desestabilizadoras. De otra manera, ser permisivo y avalar las campañas
anticipadas resultaría pernicioso, desgastaría a la autoridad y mandaría el
mensaje de que sus determinaciones las tomarán en razón del cálculo y no de los
principios y reglas electorales.

El dilema
que se vislumbra es entre crisis política por aplicar la ley a la candidata
oficial o ir al partido con un árbitro cojo, sin silbato y sin tarjetas que se
limite a hacer llamados a misa, lo que de por sí contribuiría a un eventual
conflicto postelectoral que, de cualquier manera, nos llevaría a la crisis
política que se busca evitar. No descubro el hilo negro al decir que la
ausencia de Estado de derecho contribuye a la ingobernabilidad.

La
oposición tendrá que estar pendiente de las resoluciones del TEPJF respecto al
proceso falsario de Morena y actuar con base en ellas. El criterio que utilice
valdrá para unos y otros. En cualquier caso, deberá ser audaz para revertir la
ventaja indebida de quienes llevan años en campaña ilegal y preparan elección
de Estado. Al oficialismo no lo detiene la ley, pero los ciudadanos definirán
con su voto; que lo hagan de una vez para elegir al candidato opositor en
primarias, el mejor contraste frente al dedazo.

Fernando Belaunzarán Méndez
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