Por: Cristina Padín
Las vallas pueden ser muy peligrosas. Pueden también no
serlo. Más allá de la valla estaba el Campamento. Le dijeron al hombre que
vivía con su perro que tenía que casarse ya. Y le dijeron a las hermanas que no
llevaran vestido con escote (ellas en su anterior vida habían ido a playas
nudistas) ni faldas muy cortas. Y le dijeron a los niños que no podían leer
esas historias de aquellos libros, que lo que tenían que leer era lo que
publicaban ellos. Los Jefes. Y le dijeron a la niña de quince años que a su
edad no podía besar a un chico, que no tenía edad, aunque ella lo deseaba más
que al agua fresca un día de calor. Y le dijeron a B que no podía amar a D, porque
ambos eran hombres. Y le dijeron a A que no podía ir a la corrida de toros… que
mejor se quedara a hacer cosas que los Jefes decidieran.
La valla era horrible!
Entonces el que se escapó, que era valiente y gallego,
estuvo conociendo el mundo. Porque tras la alambrada lo que había no era el
mundo real, era terreno inhóspito y aberrante. Y al día siguiente se escapó
otra vez… y la convenció a ella… Ella era sensual y guapa.. y le gustaban
el toreo y las guitarras y los tacones y las fresas. Y se escaparon juntos. Y
conocieron a unos muchachos. Y los chicos esos se brindaron a ayudar. Fueron
hasta la valla, y hablaron de libertad. Y de colores. Azul de esperanza, por
ejemplo. Y de valentía. De muletas… de libros de fantasía… de pueblos y ciudades…
de sensaciones.. de amar y de besar…
Y B se quiso con D bajo una sábana. Y el hombre que vivía
con su perro no se casó porque no quiso y se compró otro perro. Y los pequeños
leyeron cuentos preciosos y muy divertidos… y poco a poco todo cambió…
Y hoy la valla se ha roto. Y el Campamento se ha
desmantelado.
A la libertad
A la valentía
Al toreo
Al que se escapó
A la que acompañó al que se escapó
A Luis
A la verdad
A la gente que no está ciega
A los M
A Carlos
Y a los besos. De cualquier tipo


