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La mano izquierda de José Garrido convence a Madrid

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Una riada humana por la calle de Alcalá, media hora antes del comienzo, barruntaba que la primera plaza del mundo se disponía a presenciar una gran tarde de toros. Los de Ricardo Gallardo aguardaban enchiquerados a una terna muy dispar, compuesta por David Fandila “El Fandi”, Miguel Ángel Perera y José Garrido. Rompió el paseíllo con casi veinte mil personas en los tendidos. Y no llegó esa gran tarde, pero sí la faena de lo que llevamos de Feria.
La protagonizó José Garrido ante el tercero, bautizado como “Tremendo”. Un toro complicado, avieso y con cierta casta, que se encontró a un espada dispuesto a colocarse en el sitio que queman los pies para hacerlo romper. Y es que el preludio no fue nada halagüeño dado el comportamiento del “fuenteymbro” en los primeros tercios. La brega del torero de plata Antonio Chacón ayudó a que las nubes no se cerraran en la faena de muleta. Un minúsculo haz de luz proyectado desde cielo de Madrid hasta la arena de su plaza, un toro bronco que alternaba la casta con el genio y que exigía pureza, valor y verdad a partes iguales.
Conjugó la receta el joven espada extremeño en una faena seca, preñada de emoción y jaleada desde los embroques hasta el mismo final de cada muletazo. No era toro de disfrutar sino de demostrar las credenciales que hace menos de un año le hicieron triunfador de las Corridas Generales de Bilbao. Llegó el culmen en una tanda al natural, después de aguantar derrotes a la altura del rostro y convencer a “Tremendo” de que la muleta que tenía delante era más poderosa que su propio instinto. Sonó el aviso toreando y a nadie le importó.
Rugió Madrid con Garrido, que malogró con la espada la faena de la tarde. La cerrada ovación de Madrid puso punto y final a un capítulo que no será fácil de olvidar. Misma actitud, distinto guión marcó el sexto. un burel sin entrega ni atisbo de bravura que hizo hilo a todo el que se le puso delante, con ese gazapo cansino del cazador que se disfraza de cordero. No pudo reeditar el trasteo previo Garrido, que anduvo siempre en torero, aún con las complicaciones del toro a la hora de cuadrarlo para la suerte suprema.
Hubo un islote de calidad en la mala corrida de Fuente Ymbro. El cuarto de la tarde regaló embestidas profundas y templadas por ambos pitones. De más a menos David Fandila, que logró muletazos de bella estampa pero que no consiguió darle continuidad muletera al ritmo del animal. Especialmente jaleado, un muletazo de rodillas casi circular sobre el pitón derecho. La estocada fulminante hizo aflorar los pañuelos en el ruedo venteño, obviados por el presidente de la plaza sin atender a los pliegos del reglamento taurino.
Antes Fandila había protagonizado un breve prólogo frente a un toro justo de fuerzas. Es curioso que el presidente no le concediera permiso para poner el cuarto par de banderillas después de malograr el tercer, aunque lo realmente memorable fuera el segundo: de poder a poder y dejando al “fuenteymbro” llegar muy cerca de su chaquetilla.
Difícil lucimiento el de Miguel Ángel Perera ante el peor lote de la tarde. Tesonero el extremeño, que no se quiso dejar nada dentro y exprimió hasta los últimos instantes las escasas oportunidades que le presentabansus deslucidos oponentes.  

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