Estaban allí, como cada 23 de septiembre a las diez de la noche, mayores ya y sin sueño Alba y Paulina, adolescentes; con su eterna sonrisa feliz Mercedes, alegre como cada ser con síndrome de Down, alegre y rubia y alta para sus nueve años; pequeñas y nerviosas Silvia y Carmen…
Y el abuelo. Que era el abuelo de Paulina y de Mercedes y de Silvia, pero para todas era el abuelo…
Estaban allí para hacer la bella peregrinaciòn nocturna, para acompañar a la Virgen de la Merced desde el hospital, donde los que padecían alguna enfermedad la miraban con ojos de humedad y fe, hasta el Monasterio de Poio, una joya arquitectònica de gran belleza e historia enclavada en un marco único…
“Preparaos! Vamos a caminar. Rezando. En la oscuridad. Con velas encendidas. Con amor. Con esperanza. Preparaos!”
Paulina y Alba comprendieron que el abuelo les decía esas palabras porque ellas andaban algo enojadas hablando de otra chica… Hasta hacía dos años siempre las había acompañado. Luego cambiò la amistad por la mentira, las risas por la falsedad, lo blanco por lo turbio… Al pasar la habían visto en la ventana…
“Rezaremos también por ella”… dijeron…
Y sonaron los sonidos de la peregrinaciòn del 23 de septiembre… Y los pies acariciaron el suelo…
Dedicado a mi queridísima madre, de santo mañana
Dedicado a cada persona que hoy hará la peregrinaciòn conmigo, en especial a las que sufran enfermedad
Dedicado a la madre de Mary Basurto
Dedicado a Merce Guerra
Dedicado a Caye, y a cada persona con síndrome de Down, y a Enrique
Dedicado a cada ser de bien y de verdad
Dedicado a Blanca
Dedicado a Lourdes, Carlos y Luisito
Dedicado a cada persona que hoy llevaré en el corazón