Velada bohemia une talento y solidaridad para apoyar a familias del oriente de Yucatán
MÉRIDA, Yucatán.— La música volvió a demostrar que también puede sanar, unir y tender la mano. En una noche cargada de nostalgia, talento y solidaridad, la velada bohemia “Cantando por Espita” reunió a decenas de personas en el Club Rotario Mérida Montejo con un objetivo claro: apoyar al Centro Comunitario de Atención Integral para la Familia de Espita.
El evento fue mucho más que una reunión musical. Fue un viaje a los recuerdos, a los grandes clásicos y a las emociones compartidas, guiado por el talento del maestro Mario Esquivel Ríos, quien décadas atrás protagonizó un momento histórico al acompañar al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, durante una interpretación musical en el Palacio Cantón.
Anoche, frente a un recinto completamente lleno, Mario volvió a conquistar al público desde el teclado, dirigiendo una velada donde cada canción parecía convertirse en un abrazo colectivo para Espita.
Roberto “Xic” Arcila y sus invitados ofrecieron un espectáculo lleno de sensibilidad y entrega. Acompañados por Miguel Mañaná en las percusiones, las voces de Felipe de la Cruz, Carlos y Rose, Jorge Gamboa Patrón, Luis Mario Baeza y Marilú Basulto dieron vida a canciones que despertaron recuerdos y emociones entre los asistentes.

Los clásicos desfilaron uno tras otro: desde las letras de Juan Gabriel hasta la inolvidable “La Bikina”, en una noche donde cada interpretación conectó con la memoria y el corazón del público.
Felipe de la Cruz dejó además un mensaje sencillo pero poderoso: “La vida es simple, no la compliques”, mientras Luis Mario Baeza recorrió los pasillos cantando entre los asistentes, generando una atmósfera íntima y emotiva. Jorge Gamboa Patrón mostró seguridad escénica y dominio vocal, mientras Marilú Basulto puso ritmo y energía a una velada que terminó dejando al público con ganas de más.
Pero el momento más profundo de la noche llegó al cierre.
El coordinador del “Grupo por Espita”, Manuel Triay Peniche, agradeció el trabajo que desde hace más de un año realiza el equipo de apoyo comunitario en aquella región del oriente yucateco y presentó una canción escrita especialmente para representar la lucha diaria de muchas familias.
El texto, cargado de sensibilidad social, reconoció a quienes “miraron donde nadie quería ver” y a quienes decidieron acompañar comunidades marcadas por la soledad, las adicciones, la ansiedad y el abandono.
“Y aunque el camino sea difícil, hay corazones que no se rinden”, resonó entre aplausos y silencios emotivos.
La canción se convirtió en un homenaje a quienes trabajan sin reflectores, ayudando a familias enteras a reconstruir esperanza en medio de situaciones complejas.
La velada “Cantando por Espita” terminó dejando algo más que música: recordó que la solidaridad todavía puede llenar salones, tocar corazones y devolverle sentido a las causas que verdaderamente importan.


