Por: Cristina Padín.
Entonces la narración se contó con alegría y con alma. Como se cuenta todo lo que es bonito: el odio y lo grotesco no tiene lugar al lado de lo que emociona. La sorpresa tenía nombre y apellidos. Se llamaba Luis. Con los mismos apellidos de sus hermanos, Carlos y Lourdes, dos adolescentes curiosos, dos santos, dos chicos de hoy, dos aficionados al toreo, dos excelentes estudiantes, dos andaluces, dos hijos. Dos hijos de Dios…
Como Luis: la real sonrisa de Dios.
Luis no puede caminar, pero llegó el primero al Obradoiro, su particular Camino de Santiago lo situó delante de la Verdad cinco segundos antes que a sus magníficos compañeros. Ellos fueron sus pasos y su camino. Luis no puede hablar, pero fue la sorpresa bella que vivirá para siempre en los corazones.. Y cuántas cosas contó! Sin palabras. Con su dulzura y su sonriente expresión Luis habló de Santiago, de Sevilla, de amor, de lucha, de vida…
La sorpresa es un relato real narrado en dos partes que forma parte de una felicitación de cumpleaños…
Me pareció hermoso recordar esta historia
A Arancha: feliz cumpleaños
A Carlos
A Luis
Lourdes y Carlos
Al Camino de Santiago y a cada uno de sus caminos
Al toreo
A Santiago y a Galicia
A mi Sevilla y mis sevillanos
A los compañeros de Luis: sois grandes!
A aquella sorpresa: la vivimos mi hermana y yo y fue inolvidable


