Así funcionaba el sistema numérico que la URSS imponía por ley a sus fabricantes de autos
Cada dígito revelaba cilindrada, peso o tipo de vehículo, y el esquema sobrevivió incluso tras la disolución soviética
En 1945, el Gobierno de la Unión Soviética estableció por decreto un sistema numérico obligatorio para nombrar todos los vehículos fabricados en el país, eliminando cualquier margen para la creatividad de marketing que hoy define a las marcas occidentales.
El esquema asignaba rangos exclusivos a cada fabricante: GAZ ocupaba del 1 al 99, ZIL del 100 al 199 y KAZ del 600 al 649, mientras que los autobuses debían numerarse entre 650 y 699, y los camiones entre 700 y 999. Bajo este método nacieron modelos como el autobús LAZ 695, que se mantuvo en producción hasta principios de los años 2000.
A mediados de los años setenta, la norma se complicó con un sistema moderno de cuatro a seis dígitos. El primer número indicaba la cilindrada en autos, el peso en camiones o la longitud en autobuses; el segundo definía el tipo de vehículo, del 1 para turismos hasta el 9 para unidades especiales. Los dos dígitos siguientes correspondían al número de modelo dentro de cada fábrica, y los dos últimos, opcionales, señalaban versiones o paquetes de equipamiento.
El caso del Moskvitch 2140 ilustra el mecanismo: el 2 correspondía a un motor de entre 1.100 y 1.799 centímetros cúbicos, el 1 lo identificaba como auto de pasajeros, y el 40 marcaba que era el modelo número 40 producido por la marca. El Lada Niva, por su parte, figuraba oficialmente como VAZ 2121, denominación que aún puede verificarse en las fichas técnicas de las unidades vendidas en España.
Cuando estos vehículos se exportaban fuera del bloque soviético, los fabricantes solían simplificar los nombres para el mercado internacional. El propio Moskvitch 2140 se comercializó en Occidente como Moskvitch 1500, en referencia directa a su cilindrada, aunque la documentación técnica conservaba siempre la nomenclatura original.
El sistema continuó utilizándose incluso después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, y contrasta con la libertad de nombres que caracteriza a la industria automotriz actual, donde marcas japonesas han lanzado modelos con denominaciones tan curiosas como el Mazda Laputa o el Nissan Moco.