China soporta el impacto energético de la guerra con Irán, pero sus reservas tienen límite
El petróleo iraní representa solo el 12% de las importaciones chinas de crudo, aunque sustituir el gas regional sería mucho más difícil
Días antes de que el presidente chino, Xi Jinping, iniciara este miércoles su visita a Washington, Pekín recibió al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en una señal de la influencia que China mantiene sobre Teherán a siete meses de iniciada la guerra entre Irán y Estados Unidos.
El conflicto convierte la cuestión energética en uno de los temas centrales de la cumbre entre Xi y el presidente estadounidense, Donald Trump, prevista para este jueves. China depende del petróleo del Medio Oriente y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz amenaza con agravar los costes económicos que Pekín ya absorbe, en un momento en que su crecimiento interno se mantiene debilitado.
El petróleo representa aproximadamente una quinta parte del consumo total de energía de China, pero más del 70% de ese petróleo es importado, de acuerdo con un informe de 2025 de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Con alrededor de 1,4 millones de barriles diarios, el crudo iraní aportó apenas el 12% de las importaciones chinas el año pasado, frente al 42% que provino del resto del Medio Oriente. Pekín ha compensado parte de esa pérdida con suministros de Rusia y Brasil, aunque sustituir el gas de la región sería considerablemente más difícil.
Las reservas estratégicas de petróleo de China otorgan al país un margen de maniobra considerable. Las estimaciones sitúan esas reservas entre 1.000 y 1.400 millones de barriles en 2025, según Erica Downs, investigadora de política energética china en la Universidad de Columbia. A ese ritmo, cubrirían hasta 254 días de importaciones desde el Medio Oriente al nivel de consumo de este año, aunque China ya recurrió a esas reservas en tres de los últimos cuatro meses, incluido agosto, de acuerdo con fuentes consultadas.
Andrea Ghiselli, experta en China y Medio Oriente de la Universidad de Exeter, advierte que Pekín deberá equilibrar su interés en que termine el conflicto con otras prioridades geopolíticas. «China no quiere que el conflicto se convierta en un motivo de fricción en las relaciones con Estados Unidos», precisó Ghiselli, aunque aclaró que Pekín «no socavará los intereses y demandas fundamentales de Irán». Las exportaciones netas representaron el año pasado el 32,7% del crecimiento del producto interno bruto (PIB) chino, el nivel más alto desde 1997, lo que convierte una eventual crisis económica mundial derivada de la guerra en una amenaza directa para su modelo de crecimiento, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington.
Washington ha evitado, hasta ahora, sancionar a los principales bancos chinos, aunque ya impuso restricciones a varias empresas y entidades del país. El gobierno de Trump advirtió que los bancos y países que respalden la economía iraní podrían enfrentar sanciones secundarias, lo que sitúa a Pekín ante una disyuntiva que la cumbre de este jueves no resolverá de forma automática.