El país que llega después del triunfo
El liderato de México en Santo Domingo 2026 invita a mirar más allá del medallero y a reconocer que el verdadero apoyo a los atletas debe comenzar mucho antes de la victoria
El 28 de julio, México cerró como líder del medallero de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, un hecho sumamente importante no solo para el deporte nacional, sino también para una sociedad que necesita motivos para celebrar.
Un día después, la delegación mexicana alcanzó las 50 medallas de oro. La presea llegó gracias a Jonathan Melendres, quien se impuso en la prueba de longboard varonil. Sin embargo, para muchos mexicanos, el triunfo también estuvo acompañado de una pregunta: ¿quién es Jonathan Melendres?
Esta pregunta no desmerece al deportista. Por el contrario, nos obliga a cuestionarnos como sociedad, porque un país que conoce a sus atletas únicamente después de que ganan no es un país que verdaderamente los acompaña.
Las medallas no comienzan en el podio. Se construyen todos los días durante los entrenamientos, en los sacrificios familiares, los gastos, las lesiones, la disciplina, la fortaleza mental, las competencias que nadie observa y las horas que los atletas deben dividir entre el deporte, los estudios y su vida personal.
No podemos seguir apareciendo únicamente cuando llega el momento de la fotografía.
Cada vez que un atleta mexicano alcanza el podio, los medios publican la noticia y surge el habitual artículo titulado: “¿Quién es…?”. El problema no está en hacer esa pregunta, sino en detenernos ahí. También deberíamos preguntarnos cómo llegó hasta ese lugar, dónde entrenó, quién pagó sus viajes, cómo cubrió su estancia y qué tuvo que sacrificar para representar a México.
Cuando nos quedamos en lo superficial, no vemos el verdadero deporte mexicano. Solamente observamos el resultado final de años de esfuerzo, incertidumbre y perseverancia.
Exigimos medallas y buenos resultados, pero pocas veces ofrecemos los medios necesarios para conseguirlos. La atención suele concentrarse en las disciplinas más populares, especialmente en el futbol, mientras numerosos atletas entrenan lejos de las cámaras, buscan patrocinadores o dependen del esfuerzo económico de sus familias.
Esto no significa que debamos negar los apoyos existentes. También hay instituciones, entrenadores, empresas y familias que realizan un trabajo indispensable. Sin embargo, tampoco podemos cerrar los ojos ante los deportistas que han sido abandonados, que nunca recibieron respaldo o que perdieron los apoyos cuando estaban cerca de alcanzar su mejor nivel.
Esta situación refleja una característica de nuestra sociedad: queremos resultados inmediatos y palpables, pero nos cuesta trabajar a largo plazo. Creemos que una persona debe ganar para merecer atención, cuando precisamente necesita atención y respaldo para tener posibilidades de ganar.
El apoyo al deporte no debe aparecer después de la medalla. Debe comenzar mucho antes, mediante instalaciones dignas, entrenadores capacitados, becas transparentes, oportunidades de competencia y una cobertura mediática que no dependa exclusivamente del triunfo.
Estos Juegos Centroamericanos vuelven a demostrar el talento, el carácter y la determinación de los atletas mexicanos. Ahora nos corresponde decidir si estaremos presentes únicamente durante la premiación o si finalmente aprenderemos a acompañarlos desde el entrenamiento.
Un país que verdaderamente cree en sus deportistas no espera a que ganen para conocer sus nombres. Los apoya cuando entrenan lejos de las cámaras, cuando pierden, cuando se lesionan y cuando todavía nadie sabe quiénes son.
Porque celebrar después del triunfo es sencillo. Lo difícil, y verdaderamente importante, es ayudar a construirlo.