Hiroshima alza la voz contra las armas nucleares a 81 años de la tragedia
Hiroshima conmemoró este jueves el 81 aniversario del bombardeo atómico que destruyó gran parte de la ciudad japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, con una ceremonia marcada por el recuerdo de las víctimas y un firme llamado a dejar de justificar la posesión de armas nucleares como instrumento de seguridad.
Cerca de 50 mil personas se reunieron en el Parque Memorial de la Paz, entre ellas sobrevivientes, familiares de las víctimas y representantes de aproximadamente 120 países y regiones. A las 8:15 de la mañana, la hora exacta en la que fue lanzada la bomba el 6 de agosto de 1945, el sonido de una campana acompañó un minuto de silencio en memoria de quienes perdieron la vida.
Durante la ceremonia, el alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, cuestionó que diferentes gobiernos continúen considerando la disuasión nuclear como una estrategia legítima para garantizar su seguridad. El funcionario advirtió que minimizar las consecuencias humanas de estas armas y aceptar el uso de la fuerza puede generar nuevos ciclos de violencia.
“Restar importancia a la inhumanidad de las armas nucleares” podría conducir nuevamente a una tragedia como la vivida en Hiroshima o Nagasaki, señaló Matsui al presentar la Declaración de Paz de este año. También sostuvo que la aceptación de la violencia por parte de los dirigentes políticos aleja cada vez más la posibilidad de construir un mundo libre de armamento nuclear.
El alcalde pidió a los ciudadanos conocer las lecciones del pasado y actuar para evitar que la memoria de las víctimas desaparezca con el paso del tiempo. Su mensaje adquirió especial relevancia ante la disminución del número de sobrevivientes de los ataques atómicos, conocidos en Japón como hibakusha.
Actualmente permanecen con vida 91 mil 105 sobrevivientes reconocidos oficialmente, aproximadamente una cuarta parte del número original. Su edad promedio supera los 86 años, lo que ha provocado preocupación por la posibilidad de que sus testimonios directos se pierdan y las nuevas generaciones olviden la dimensión humana de la tragedia.
La bomba lanzada sobre Hiroshima destruyó la ciudad y provocó la muerte de alrededor de 140 mil personas hacia finales de 1945, ya fuera por la explosión, las quemaduras o los efectos posteriores de la radiación. Tres días después, Estados Unidos lanzó una segunda bomba atómica sobre Nagasaki, donde murieron aproximadamente 70 mil personas. Japón anunció su rendición el 15 de agosto de ese mismo año, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial en Asia.
La ceremonia también contó con la presencia de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien participó por primera vez en el acto conmemorativo desde que asumió el cargo. La mandataria aseguró que su gobierno mantendrá un enfoque realista para avanzar hacia un mundo en el que las armas nucleares nunca sean utilizadas, mediante los mecanismos internacionales relacionados con la no proliferación.
Sin embargo, sus palabras se producen en medio de un debate sobre el futuro de los tres principios no nucleares adoptados por Japón después de la guerra: no poseer, no fabricar y no permitir la introducción de armas nucleares en su territorio.
El gobierno de Takaichi ha considerado revisar distintos documentos de seguridad y defensa, situación que ha generado versiones sobre una posible modificación del tercer principio, relacionado con el ingreso de armamento nuclear al país. Aunque la primera ministra afirmó que Japón ha mantenido históricamente esos compromisos, no garantizó de manera definitiva que permanezcan sin cambios en el futuro.
Japón no posee armas nucleares, pero se encuentra protegido por el llamado paraguas nuclear de Estados Unidos. Esta dependencia ha llevado al gobierno japonés a rechazar, hasta el momento, la petición de los sobrevivientes para firmar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares o participar como observador en sus reuniones.
La postura ha causado inconformidad entre las organizaciones de víctimas, que consideran contradictorio que el único país que ha sufrido un ataque nuclear en una guerra no forme parte del acuerdo internacional que busca eliminar completamente este tipo de armamento.
Cada 6 de agosto, Hiroshima realiza la Ceremonia Conmemorativa de la Paz para recordar a las víctimas, promover la abolición de las armas nucleares y pedir una paz mundial duradera. Como parte del acto, el alcalde de la ciudad dirige una declaración a la comunidad internacional con el objetivo de evitar que otras poblaciones experimenten una devastación semejante.
A 81 años del bombardeo, la ceremonia volvió a mostrar la tensión existente entre la memoria histórica y las decisiones de seguridad del presente. Mientras algunos gobiernos defienden las armas nucleares como una herramienta de disuasión, Hiroshima insiste en que su existencia no garantiza la paz, sino que mantiene abierta la posibilidad de repetir una de las mayores tragedias de la historia.