La migración infantil cambia de rumbo en Latinoamérica entre nuevas rutas y mayores riesgos
La migración infantil en América Latina atraviesa una transformación marcada por nuevas rutas, movimientos de retorno y mayores dificultades para acceder a servicios básicos. El endurecimiento de las restricciones migratorias hacia Estados Unidos ha modificado parte de los desplazamientos que durante años estuvieron concentrados en los recorridos hacia el norte, mientras familias con menores de edad buscan alternativas dentro de la propia región.
Especialistas en movilidad humana advierten que estos cambios no significan que la migración haya desaparecido, sino que se ha vuelto más fragmentada y, en muchos casos, menos visible. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señaló que durante el primer semestre de 2026 los movimientos en América Latina y el Caribe continuaron alejándose de los grandes flujos hacia el norte observados en 2023 y 2024, para dar paso a desplazamientos intrarregionales, retornos y movimientos en distintas direcciones.
Uno de los fenómenos que comienza a ganar relevancia es el de las familias que emprenden el camino de regreso hacia el sur. Sin embargo, el retorno no siempre significa volver directamente al país o comunidad de origen. Algunos migrantes permanecen temporalmente en otros países o emprenden nuevos desplazamientos, situación que puede aumentar la exposición de niñas, niños y adolescentes a la separación familiar, la trata de personas y otras formas de abuso.
Ivanna Paola Herrán Ballesteros, coordinadora regional de movilidad humana de Ayuda en Acción, explicó a EFE que este escenario ocurre al mismo tiempo que las instituciones y organizaciones que acompañan a la población migrante enfrentan una reducción de recursos. De acuerdo con la especialista, las personas continúan desplazándose, pero utilizan rutas que pueden resultar más difíciles de detectar y atender por las organizaciones humanitarias.
La dimensión de la movilidad infantil ya había mostrado un crecimiento considerable en años anteriores. El estudio “Infancia y movilidad humana”, publicado en 2025 por Ayuda en Acción y el Instituto Interamericano del Niño, la Niña y Adolescentes de la Organización de los Estados Americanos, registró 29 mil menores en movilidad durante 2021 y alrededor de 140 mil entre 2023 y el primer semestre de 2024.
México ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de esta transformación. Además de ser un territorio de tránsito, también se ha convertido en destino temporal o permanente para algunas familias. Esto plantea nuevos retos, principalmente cuando los menores no cuentan con los documentos necesarios para integrarse rápidamente al sistema educativo o acceder a determinados servicios.
Tania Rodríguez Zafra, directora de Ayuda en Acción México, señaló que la falta de documentación puede retrasar considerablemente la incorporación escolar. En algunos casos, el proceso puede extenderse durante un año o más, aunque el acompañamiento de organizaciones especializadas puede reducir los tiempos necesarios para completar los trámites.
La legislación mexicana establece que las autoridades deben garantizar protección y servicios a niñas, niños y adolescentes en situación de migración, independientemente de su nacionalidad o condición migratoria. Sin embargo, las dificultades administrativas y la disminución de recursos de algunas instituciones y organizaciones representan obstáculos para hacer efectivos estos derechos en todos los casos.
El problema coincide con una reducción de la capacidad de algunas organizaciones dedicadas a atender a personas desplazadas. Según datos citados por EFE a partir del informe anual de 2025 de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados en México, la capacidad de protección comunitaria del organismo cayó cerca de 70%, en medio de una reducción de casi 65% en el financiamiento disponible.
UNICEF estima que 3.9 millones de niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe necesitarán asistencia humanitaria durante 2026 debido a los efectos combinados de la violencia armada y la migración insegura. Entre los principales riesgos para los menores en movimiento se encuentran la explotación, la separación familiar, la trata, el reclutamiento por grupos armados y las dificultades para acceder a salud, educación, agua y protección.
El descenso de los cruces por las rutas tradicionales tampoco supone el final del fenómeno migratorio. La OIM reportó que los movimientos a través del Darién durante el primer semestre de 2026 fueron 97% menores que en el mismo periodo de 2024, mientras comenzaron a cobrar mayor importancia los desplazamientos de retorno, circulares e intrarregionales.
La nueva realidad muestra que el reto ya no consiste únicamente en atender a quienes intentan llegar a Estados Unidos. Los cambios en las rutas obligan a los países latinoamericanos a responder también ante familias que regresan, permanecen en tránsito durante periodos prolongados o buscan establecerse en nuevos destinos dentro de la región. En todos esos escenarios, la protección de niñas, niños y adolescentes se mantiene como uno de los principales desafíos humanitarios.