Mérida tiene dueño y se pelean la herencia
El PAN se fractura en Mérida: disputa por la herencia del poder mientras Morena evalúa a Liborio Vidal como candidato a la alcaldía en 2027
El domingo, mientras Morena discutía si un saludo en un pasillo es o no una candidatura, el panista más votado en la historia reciente de Mérida escribió un tuit contra su propio partido. Sugirió a los ex dirigentes del PAN firmar un desplegado a favor de "su verdadero candidato a la alcaldía", en alusión a Liborio Vidal, y cerró con un "¡Suerte!" que destilaba más desprecio por su casa que por el aludido. Pocas veces una pelea ajena dice tanto sobre la propia.
Léase con calma lo que ahí ocurre. Un partido que ha gobernado Mérida treinta y cinco años, salvo un trienio, discute en público quién es el dueño legítimo de la ciudad: el grupo del ex gobernador o el del ex alcalde. Ninguno de los dos discute qué hacer con el drenaje, el transporte o la periferia. Discuten la herencia. Y para pelearla, uno de ellos acusa al otro de tener un candidato en el partido contrario. Es la confesión más sincera que ha hecho el PAN en años: dan por hecho que Mérida les pertenece y que cualquier candidatura, incluso la de enfrente, se decide entre ellos.
Lo segundo que revela el tuit es a quién le temen. En política nadie gasta pólvora en quien no estorba. Si un aspirante que todavía no se registra y que compite dentro de otro partido merece la atención del ex alcalde, de los ex dirigentes y de medio ecosistema digital panista en un solo domingo, es porque alguien ya hizo la cuenta de los votos. Y la cuenta es sencilla: Mérida se decide con el elector que ha votado PAN sin entusiasmo, por costumbre, y que podría dejar de hacerlo si enfrente encuentra a alguien que le resulte conocido y confiable. Vidal gobernó Valladolid, dirigió la educación del estado y lo conocen en los dos lados de la cerca. Para el PAN eso es una amenaza; para Morena, que nunca ha ganado la capital hablándole solo a los suyos, es una oportunidad.
Aquí está el punto que la militancia morenista haría bien en considerar antes de aceptar el encuadre que le ofrece el adversario. Al PAN le conviene que Morena escoja mal. Por eso opina sobre la encuesta de Morena, por eso califica a sus aspirantes y por eso celebra a los que le resultan cómodos. Cuando el adversario se toma la molestia de decirle a la militancia de enfrente quién es "de verdad" de los suyos y quién no, conviene preguntarse a quién beneficia que uno le crea.
Vale el matiz, porque sin él esta columna sería propaganda. Vidal carga con años de servicio en gobiernos de otro signo y le corresponde demostrar, con hechos, más que con fotos, que su lealtad es a las causas que dice defender desde 2006. Esa prueba se la debe a la militancia de Morena, no al PAN, y la encuesta es el lugar donde se rinde. Si la pasa, habrá demostrado algo que ningún candidato de Morena en Mérida ha podido demostrar: que puede ganar en territorio ajeno.
Lo que el domingo quedó a la vista es que el PAN llega a 2027 con su figura más fuerte desautorizando a su partido, a su dirigencia y a su eventual candidata, y con una idea de Mérida como propiedad privada que se hereda entre grupos. Treinta y cinco años dan para eso. La pregunta que importa es si enfrente habrá alguien capaz de hablarle a la ciudad entera, más allá de los convencidos. Esa pregunta la va a responder una encuesta, y el PAN, por más que opine, no tiene boleta en ella.