Opiniones

¿Se acabó La Paz?

Balazos en las calles

Por Manuel Triay Peniche · 3/10/2026 13:25
¿Se acabó La Paz?

Han pasado diez años, quizá 12. Aquella noche el señor secretario de Seguridad, comandante Luis Felipe Saidén Ojeda, compartió conmigo un helado en El Colón, frente a la Plaza Grande. La gente, principalmente turistas, no dejaban de mirarlo a su paso, y eso intrigó a mi acompañante: Quizá los locales te miran porque te conocen y seguro les causa extrañeza que estés aquí, le dije a manera de explicación y agregué; los turistas mirarán extrañados a un policía uniformado que no carga armas.

¿De qué platicamos? De la seguridad en el Estado y de la preocupación de mi acompañante al respecto. “Jefe”, así suele apodarme, con cariño, “no sé cuánto tiempo más aguantará esta paz en que vivimos, cada día el crimen organizado va ganando terreno en Quintana Roo y Campeche, y Tabasco no se queda atrás, y no podemos olvidar que son nuestros vecinos”. ¿Sentí temor? No, sentí pánico escuchando aquel diagnóstico de quien enfrenta desde hace décadas la responsabilidad de cuidarnos. A don Luis lo conozco muchísimos años atrás, él aún era joven, y soy testigo de su entrega al trabajo de 24 horas diarias. Sin temor a equivocarme el comandante Saidén Ojeda ha dejado su vida en el cuartel policíaco y gracias a su desempeño, sus conocimientos y responsabilidad, aún disfrutamos algo de paz y tranquilidad en el Estado. Aquella noche en el sorbeteria Colón le pregunté: ¿Cuántos años más Yucatán estará libre del narco y del crimen organizado? Su repuesta me tomó por sorpresa y mi helado de guanábaja perdió el salor: Quizá tres o un poco más, respondió con el rostro adusto. No estamos libres del narco, precisó, hasta ahora no nos llega la violencia, pero la veo muy cerca, sentenció. En efecto, en Yucatán ya operaban dos bandas que distribuían drogas, sin pelearse violentamente el territorio, como suele hacerse en otros Estados, pero aún no llegaban los sicarios, no con la frecuencia actual, quizá porque veían en Mérida un enclave que albergaba a familias de los principales capos y, aunque matones y sanguinarios, suelen respetar a los suyos. Los años fueron transcurrtiendo con relativa tranquilidad, ocasionalmente se escuchaban detonaciones y caía muerto algún supuesto involucrado con el crimen organizado pero, en su gran mayoría, los gatilleros no gozaban de la billetiza obtenida con su fechoría porque el señor Saidén los capturaba casi de inmediato. Pero don Luis no es Dios, Mérida y Yucatán están viviendo extraordinaria explosión democráfica, cada día somos más cosmopolitas y tenemos de vecinos a inmigrantes de 97 países, cada día Quintana Roo sufre más la embestida del narco y nuestra fama de pueblo tranquilo atrae a más delincuentes que huyen de sus enemigos, de adentro y afuera de nuestras fronteras. Cada día la droga se apodera más de nuestras comunidades, el consumo de sustancias prohíbidas penetra nuestra adolescencia y nuestra infancia, y no hay en Yucatán una política pública que trate al menos de impedirlo. El trabajo de las autoridades responsables, si lo hubiera, deja mucho a desear y eso abona al panorama que hoy vivimos. Ayer, en plena vía pública, dos sujetos a bordo de una moticicleta le disparon a quemarropa a un supuesto jefe de un cartel. Siete horas después, aquellos matones ya había sido detenidos, como ha ocurrido otras muchas veces. El balance de detenciones es por demás positivo y eso, así lo deseamos, inhibe a quienes quieren venir a Yucatán a consumar venganzas. ¿Cuánto más aguantará nuestra paz? ¿Cuánto más aguantará nuestro comandante Luis Felipe Saidén Ojeda el peso de cuidarnos y protegernos? El crimen organizado ya tiene presencia entre nosotros y nuestra única tabla de salvación somos nosotros mismos. Sí, sólo podremos defender a nuestras familias educando y cuidando a nuestros hijos para hacerlos hombre de bien.

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