La lucha por la permanencia en LaLiga 2025/26 llega a sus últimas cuatro jornadas con un escenario de máxima tensión. Aunque el título ya quedó en manos del Barcelona y los cupos internacionales están próximos a resolverse, la pelea por evitar el descenso mantiene involucrados a diez equipos, separados por un margen muy estrecho de puntos.
La situación refleja la paridad de la zona baja de la tabla. Rayo Vallecano, Osasuna y Valencia se ubican igualados en la décima posición, mientras que Alavés ocupa actualmente el último puesto de descenso. Entre ambos sectores hay apenas cinco puntos de diferencia, lo que mantiene abierta la posibilidad de que varios clubes todavía puedan caer a Segunda División.
Entre los equipos más comprometidos aparecen dos instituciones históricas del fútbol español: Sevilla y Valencia. Ambos atraviesan una temporada marcada por la irregularidad deportiva y por problemas económicos que han condicionado sus últimos años. El panorama resulta especialmente delicado por el peso institucional de ambos clubes y por sus antecedentes recientes en competiciones nacionales e internacionales.
Valencia afronta un cierre exigente. El conjunto che, que en este siglo conquistó dos títulos de liga, una Copa UEFA y dos Copas del Rey, solo descendió una vez desde su integración a la pirámide del fútbol español, en la temporada 1985/86. Aunque viene de lograr una victoria importante ante Athletic en San Mamés, su calendario aparece entre los más complicados de los equipos comprometidos, con partidos pendientes ante Rayo Vallecano, Real Sociedad y Barcelona.
Sevilla también vive una situación delicada. El club andaluz, ganador de siete títulos continentales en el siglo XXI, el más reciente hace tres años, ha sufrido una caída pronunciada en su rendimiento liguero. Después de su última Europa League, sumó apenas 41 puntos en dos temporadas consecutivas y en la campaña más reciente consiguió salvarse por una sola unidad. En este cierre deberá enfrentar a Villarreal, Real Madrid y Celta, con la obligación de sumar para evitar un descenso que no sufre desde hace 24 años.
El presente sevillista también se desarrolla en medio de incertidumbre administrativa, debido a la posible compra del club por parte de un consorcio estadounidense que incluye a Sergio Ramos entre sus accionistas. En lo deportivo, el equipo logró triunfos relevantes ante Real Sociedad y Espanyol, pero todavía necesita confirmar su permanencia en un tramo final de alta exigencia.
Oviedo, por su parte, mantiene opciones matemáticas de salvación, aunque su panorama es cada vez más complejo. El equipo regresó esta temporada a la máxima categoría después de más de dos décadas y, pese a un inicio muy difícil, logró sostenerse con posibilidades hasta la recta final. Entre finales de septiembre y finales de enero no consiguió victorias, pero la llegada de Guillermo Almada al banquillo permitió una reacción con resultados importantes ante rivales directos.
Desde marzo, Oviedo obtuvo triunfos ante Sevilla y Valencia, además de vencer a Celta, equipo que pelea por clasificarse a competiciones europeas. También sumó empates frente a Espanyol y Villarreal. Sin embargo, las derrotas recientes ante Elche y Real Betis redujeron considerablemente su margen de error. Tras igualar sin goles ante Getafe en la jornada 35, el equipo quedó obligado no solo a sumar, sino también a esperar tropiezos simultáneos de sus rivales directos.
La situación del conjunto asturiano podría agravarse si Girona suma puntos ante Rayo Vallecano, resultado que lo convertiría en el primer descendido de la temporada. Incluso en caso de mantenerse con vida, el calendario no ofrece facilidades: deberá recibir a Alavés y visitar a Real Madrid y Mallorca.
Con cuatro fechas por disputar, la permanencia en LaLiga se ha convertido en una disputa abierta, marcada por la presión, la historia y la necesidad urgente de sumar. Oviedo necesita un milagro deportivo, mientras Sevilla y Valencia buscan evitar una caída que tendría un fuerte impacto institucional. En una zona baja separada por apenas unos puntos, cada partido puede modificar por completo el destino de la temporada.


