Soñé que volvías, Ale. Este es un cuento que es una fantasía, y ojalá fuera una realidad. Es un cuento que puede empezar como lo hacen los clásicos, los de siempre, los que nos contaron cuando éramos niños, y las heridas más graves dejaban huella en las rodillas, en el orgullo infantil, alguna vez en los dedos de las manos…
… érase una vez un torero que era al mismo tiempo toda la historia del toreo en su cabeza y toda su alma y su duende en su muñeca. Era mago. Mago de los tiempos, mago del capote, mago de momentos. Y él, ese matador, regresaba a la arena tras una pausa. Era un cartel de seis toros para él, era una plaza andaluza…
Eran la expectación y el deseo. Hoy vuelve Talavante, en aristas y esquinas y plazas. Un vestido de color talavantino con bordados exquisitos. El sol y la sombra al compás. Las siete de la tarde… Y de repente estaba allí. Sobre el albero. Solo en el redondel, nada más ahí, porque Ale jamás caminará solo… Era el día… Empezaba la magia…
Algunos cuentos debieran tener final real…
Volver vuelve cuando desees, Ale, esperar te espero con toda esperanza
Dedicado a mi mago
A la familia de mi mago
A mi hermana
A Belén y Manuel
A mi Luis
A bohemios con o sin fecha
A Fortes, pronta recuperación
Y a Roberto


