Eran cinco.. Como lo eran también aquellos de los libros que leíamos de niños. Cuando la infancia era con lectura y pan con chocolate, feliz y aventurera y dinámica..
La Catedral de Santiago, con sus siglos de fe y de historia, los abrazaba en silencio. Ellos estaban sentados en la plaza, delante de su majestuosidad. Satisfechos, sonrientes…
Se conocieron en el Camino. No podían ser más diferentes. Uno admiraba a Talavante, otra a Morante, los otros tres desconocían el toreo. Dos leían mucho, los otros poco…
Hablaban en español algunos y en francés otros, se entendían. Jamás hubieran coincidido en la vida de no haber sido por la religión. El Camino les unió…
Su largo peregrinar les hizo amigos.. Allí estaban: en el fin del Camino, o en el principio, según… Santiago les acogía en su seno de piedra y belleza…
Entraron a la Catedral para escuchar misa..
Dedicado a cada persona con fe
A la Catedral de Santiago
A Luis
A Talavante: mi mago
A Morante
A cada ser en peregrinación
A cada ser que reza
A cada ser que conoce y aprecia la ciudad de Santiago de Compostela
A mi amiga María Basurto
Y a mi amiga Leticia


