De Ser a Ser, por: Santiago Heyser.
Nos la pasamos quejándonos de las cosas que nos
suceden, culpando a otros o a las circunstancias. ¿Entonces nuestra felicidad
no depende de nosotros, en verdad creemos eso?
De nuestra lista de diez, hemos platicado acerca de nueve motivos que
nos impiden alcanzar un estado de felicidad: 1.- No somos conscientes de
nosotros mismos; 2.- No vivimos la vida cuando sucede, en el momento presente;
3.- No aceptamos la realidad y luchamos contra ella; 4.- Creamos expectativas.
5.- Creemos que la felicidad es algo que obtenemos y es externo a nosotros. 6.-
Creemos que para ser felices necesitamos a alguien. 7.- No hacemos lo que
queremos. 8.- Estamos estáticos en nuestras vidas en lugar de estar en movimiento,
creciendo y viviendo. 9.- No razonamos y dejamos que los condicionamientos
culturales, religiosos y la educación que recibimos determinen nuestras vidas
sin evaluarlos ni cuestionarlos.
Cuando no estamos felices, de manera indirecta terminamos afectando a
otras personas. El estado de infelicidad se refleja en nuestro modo de actuar,
de comunicarnos y de relacionarnos con los demás. El motivo número diez se
diferencia de los otros nueve porque no solo nos afecta a nosotros, también
afecta directamente a otras personas y nuestras relaciones con ellas porque:
10.- No nos hacemos responsables de nuestra vida y de nuestras acciones. Nos
quejamos y le echamos la culpa a los demás como si fuéramos inocentes del
resultado de nuestras acciones, de nuestra realidad o el hecho de no haber
actuado. Nuestra mente nos controla y nuestro ego nunca quiere “perder” ni
aceptar que se “equivoca”, como si no tener un resultado esperado o favorable
en la vida fuera un inconveniente, cuando simplemente todo es vida, experiencia
y aprendizaje libre de queja y drama.
Lo primero que hay que observar, cuando usamos la inteligencia, en lugar
de reaccionar en función de las emociones que sentimos, es que se hará evidente
que, a fin de cuentas, es irrelevante hacer responsables a otras personas por
lo que nos sucede, primero porque nada resuelve y segundo porque perdemos el
control de nuestra vida, al depositar en “otros” la culpa o responsabilidad de
nuestras situaciones o problemas, es decir, quedamos dependientes de que “el otro”
actúe para resolver los que no nos gusta y eso probablemente nunca pase. Para
empezar, porque cualquier cosa que hoy nos molesta o conflictúa sería “pasado”,
en cuyo caso, para atrás ya nada se puede hacer; aun así, no vemos que solo
somos nosotros quienes, en última instancia, tenemos el poder de actuar en
nuestro propio beneficio y cambiar nuestra realidad. Lo hecho, hecho está.
Echar culpas es sólo un desahogo de nuestro ego que no conduce a ningún lado
más que a la frustración personal y al conflicto, lo que es impráctico para
nuestras vidas y una barrera que limita nuestro actuar para que alcancemos un
estado de felicidad.
Lo segundo, es que al no hacernos responsables de nuestras acciones y
las consecuencias de las mismas, estamos perdiendo la oportunidad de crecer y
desarrollar nuestro potencial gracias a la experiencia que se pudo haber
aprendido de algún problema o situación. Reflexionemos… si el responsable de lo
que me sucede es externo a mí, sea otra persona, la pareja, los hijos, las
circunstancias de la vida, la familia, el trabajo, el presidente o algún dios,
la oportunidad de mejorar y aprender sobre lo que sucedió no va a formar parte
de nuestra experiencia. Además ¡nadie está preocupado por corregir lo que hace
otro!, ¿cierto?, solo cuando asumimos la responsabilidad de procurarnos a
nosotros mismos y la responsabilidad total acerca de nuestras acciones es
cuando podemos tener un impacto real en nuestras vidas, adquirir experiencia,
aprender y corregir. Inclusive, lo podemos ver desde otro punto de vista: Si lo
que nos sucede no es responsabilidad nuestra, estaríamos condenados a depender
de la “suerte” o de otros para que la vida nos favoreciera exactamente como lo
esperamos para “ser felices”, desafortunadamente, este enfoque no es realista,
porque al final, es natural que cada quien procure su propia vida y no la
nuestra… ¿En verdad querríamos dejar nuestra vida y felicidad al azar o en
manos de un tercero? El hecho es que responsabilizar a otros, a la suerte o a
la vida, simplemente no nos trae ningún beneficio práctico.
“¡La vida es como dibujar sin goma!” (anónimo), a veces nos sale bien, a
veces nos sale mal, pero todo forma parte del dibujo de nuestra vida. No
tenemos control sobre la mayoría de las cosas, pero sin lugar a dudas, somos
responsables de nuestra vida y de nuestra realidad, definida por nuestras
acciones y decisiones… ¡Así de sencillo!
Un saludo, una reflexión.
Twitter: @SantiagoHeyser
Correo: Heyser@deSeraSer.mx


