La muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y uno de los hombres más buscados de México y Estados Unidos, ha dejado un ambiente de miedo e incertidumbre en la capital de Jalisco y otras regiones del país.
El 22 de febrero de 2026, fuerzas de seguridad mexicanas abatieron a El Mencho durante un operativo en el municipio de Tapalpa, generando confrontaciones que incluyeron tiroteos, incendios de vehículos y disturbios en varias localidades. La violencia y las reacciones se propagaron rápidamente, afectando especialmente a Guadalajara, con bloqueos y ataques que alteraron la vida cotidiana.
La repercusión de estos hechos no sólo se ha traducido en confrontaciones armadas, sino también en un clima de confusión alimentado por la desinformación. En redes sociales circularon videos e imágenes engañosas que exageraban la situación, lo que contribuyó a que la población no pudiera distinguir con facilidad entre hechos confirmados y versiones falsas. Una vecina de Guadalajara relató: “No sabíamos qué era real y qué no”, al describir la incertidumbre vivida en las calles.
En varias zonas de la ciudad se registró la percepción de una normalidad fragmentaria: mientras hay señal de actividades que se reanudan y calles con más circulación, muchos habitantes expresan que el temor persiste. Testimonios de comerciantes destacaron que se observa movimiento en algunos barrios, pero con cautela por parte de la ciudadanía.
La violencia también tuvo impacto en eventos y actividades masivas, con cancelación de conciertos y suspensión preventiva de actividades ante el llamado de autoridades a extremar precauciones. Este contexto se suma a la preocupación por la estabilidad de la región, especialmente cuando Guadalajara se prepara para ser una de las sedes del Mundial de Fútbol 2026, un evento cuya organización exige condiciones de seguridad.
En medio de esta situación, los residentes mantienen sentimientos encontrados: por un lado, existe la voluntad de retomar la vida cotidiana que habían dejado en pausa, y por otro, la sombra del miedo y la memoria de los disturbios ha dejado una marca difícil de borrar.


